Manuel Prado quiere mostrar lo que los relojes no muestran: la vida. Y lo hace desde una palestra nada habitual para un pintor: las paredes de un hotel
02 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Manuel Prado nació en Pontevedra, se crió y vivió durante muchos años en Santiago, y desde hace un tiempo reside en Ferrol. En su viaje hacia el norte de Galicia fue descubriendo que había algo que le gustaba de verdad: la pintura, en la que ha ido evolucionando durante toda su vida, «formándome o, más bien, deformándome». Este verano realiza su primera exposición en Santiago, en el hotel Entrecercas. -¿Se hace raro mostrar su obra en un hotel? -Nunca había expuesto así, en un lugar en el que la gente está de paso. Pero el pasado mes de julio me planté en Praterías y me di cuenta de que en un solo día veían mis obras más personas que las que las verían en un mes en el CGAC. -Como artista es lo que le importa... -Sí, claro. Esto es para lo que pinto, para transmitir cosas a la gente. -¿Cómo llegó a exponer en este lugar? -Un día estaba hablando con el dueño, vi una pared vacía y le dije «qué pared tan bonita para uno de mis cuadros», y aceptó. -¿Sobre qué gira su muestra actual? -La llamo El reloj de la vida. Toda mi vida había creído que a los relojes les faltaba algo, que no mostraban las cosas importantes de la vida. Eso es lo que intento reflejar. -¿Es cierto que cada cierto tiempo cambia los cuadros expuestos? -Sí, los voy variando, porque he realizado bastantes obras diferentes sobre este tema. -¿Qué autor le ha influido en mayor medida? -Pues seguramente el checo Kupka y su obra La arquitectura filosófica. Cuando lo vi dije «puf, eso es lo que quiero hacer».