Perfil | Fernando Botana Gerpe, alias «Roque», delincuente habitual Uno de los cacos más prolíficos de la comarca tiene pocos años y una larga carrera
19 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?s un niño grande y arrogante. Su novia le ofrece una chaqueta para que se cubra la cara al entrar en el juzgado, pero la rechaza. Se encara con el fotógrafo y le espeta: «¡Quita la cámara, cabrón!». Fernando Botana Gerpe. Alias «Roque». Apenas veinte años. Detenido cuarenta veces por la Guardia Civil y cinco por la Policía Nacional. Esta vez lo han trincado por estamparse con un coche robado en la carretera de Noia. Pero le da igual. Sabe que lo de la cárcel es cuestión de meses. No se arrepiente de nada y en cuanto salga volverá a las andadas. Tuvo la desgracia de nacer en una familia desestructurada, con carencias afectivas y económicas. Ha vivido siempre en una zona que, lejos de ser marginal, se convirtió en un refugio de pecadores desde que llegaron él y los suyos: Castiñeiro de Lobo, en Ames. Un tipo precoz Su maestro fue su primo Andrés. Aún tenía los dientes de leche y ya abría coches sin llave. Le gustan la velocidad y el riesgo. Lo del accidente del otro día en Roxos fue eso, un accidente, porque es todo un fitipaldi del volante a pesar de no haber pisado nunca una autoescuela; con dificultad, sabe leer y escribir. Con dieciséis años ya era el líder de su grupo. Es violento, nunca mira a los ojos y peca también de arrogante, mentiroso e indisciplinado, de querer ser libre a su manera. Su reinserción es complicada. No hace más que entrar y salir de la cárcel y él mismo se considera un caso perdido. Su especialidad son los robos de todo tipo, los alunizajes, los atracos a mano armada, cualquier cosa en la que se mezclen el riesgo y el dinero. Lo mismo que no le hace ascos a los buenos coches que roba, tampoco se los tiene a las armas. Pero los cartuchos son incompatibles con su hiperactividad y sus nervios, y es por eso que tiene el gatillo fácil. Discutiendo con sus padres ha llegado a pegar algún tiro dentro de casa. Pero como líder que es, los suyos lo respetan, lo siguen y lo esperan. Es carne de tanatorio, pero mientras sobreviva, que le quiten lo bailao.