CON LUPA | O |
13 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.ESTOY EN ELLO. Quizás usted, como yo, se encuentre en ese delicado momento en el que ha empezado a gastarse en chicles los euros que quemaba en tabaco. Hemos abandonado el vicio sin saber muy bien por qué. En mi caso, he de decir que no me sentaba especialmente mal fumar como un carretero. Es más, me gustaba, me entretenía y disfrutaba como Sara Montiel. La última vez que me convertí en un ex-fumador aguanté un año. Luego, llegó una boda y se fue todo a hacer puñetas. Porque, no sé usted, pero yo siempre vuelvo a fumar por culpa del trío de tentaciones que forman las siglas BBC, y que nada tienen que ver con Londres: Bodas, bautizos y comuniones. No puedo entender esa manía de repartir tabaco gratis en los saraos familiares. Ya no por el derroche, sino porque siempre hay un ex fumador que acaba cayendo. Si me preguntan por qué lo he dejado esta vez, no sabría qué responder. Quizás me pareció leer mi propio nombre en la esquela que nos han colocado en las cajetillas; quizás porque sí que me sentaba mal; quizás es que no estoy dispuesto a que el tabaco me quite el premio que la vida me dio. De momento, lo dejo.