Veneno tranquilo

Camilo Franco SANTIAGO

SANTIAGO

PACO RODRÍGUEZ

Crónica | Kiko Veneno El cantante gaditano repasó su larga lista de canciones e interpretó algunas nuevas en su concierto compostelano

13 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

? medida que los profesores interinos van dejando de serlo, la fusión se suaviza. No hay una relación causa efecto en estas cosas, pero es un síntoma de que el tiempo pasa, la generaciones se suceden y, como dijo el Che: «todo nos parece ahora menos trágico porque somos más maduros». Nosotros envejecemos y la música permanece. Kiko Veneno no envejece, se tranquiliza. El concierto compostelano en la Capitol fue tranquilo, como un desenchufado cualquiera con poco ruido y algunas nueces sureñas (para nosotros) de coplas modernas que tienen menos tragedia, más cotidianeidad y más guitarra que las clásicas. Tienen más humor triste y menos desgarro: es que somos más maduros. Kiko está suave y no le gusta que el público le lleve el ritmo: «es que sois muchos y nos os vais a poner de acuerdo» dijo al público mientras lo desviaba a los coros de las canciones más conocidas. Con su puntito de concierto de cantautor, ligeramente despeinado de la música, dejándose llevar por la letra que todo el mundo corea, Kiko Veneno estuvo íntimo, familiar, murmurador casi. Como para demostrar que está muy bien eso del cariño y, de la mitad hacia atrás de auditorio, se lo aceptaron bastantes de las parejas presentes que aprovecharon para hacer manitas, para recordarse que llevan más o menos cinco años juntos y quién se lo iba a decir tanto tiempo atrás con eso de hazme reir y hazme llorar. Mecheros, lo que se dicen mecheros, los justos. La progresía se sigue sientiendo acorralada sentimentalmente. El concierto tomó cuerpo musical en la guitarra solista de Charly Cepeda dejó constancia que esta formación de dos guitarras más voz es atractiva y versátil para ir repasando los grandes éxitos sin excesivo caramelo y que, además, cabe en cualquier parte de esos locales de dios que hay en provincias en los que la gente canta los estribillos, se toma una cerveza y besa a su pareja al mismo mientras comprueba algunos de los precios de la madurez.