EN CUARENTA LÍNEAS | O |
13 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.QUÉ MALAS pasadas juega la salud. Una bacteria minúscula tumba al más pintado. Míster White no ha viajado a las orillas del río Hudson y nos ha privado de una escena esperada y pinturera que no hubiera sido capaz de igualar ni el mismísimo García Berlanga. Llevaba semanas imaginándome cómo sería esa versión invertida de Bienvenido Míster Marshall en la que es el alcalde de Villar del Río el que encabeza, pinturero y craso, el desembarco patrio en la gran manzana en el día hispano de la Hispanidad. Incluso me anoté voluntario para cubrir la noticia y hacer historia como Jesús Hermida, cuando narró para los españoles que la bota de Neil Armstrong era, en realidad, un gran salto para la humanidad. Pero no ha podido ser por causa de fuerza mayor. Como Pepe Isbert, White se ha disculpado: «Como alcalde vuestro que soy os debo una explicación y esa explicación que os debo, como alcalde vuestro que soy, os la voy a dar». La fuerza mayor es una indisposición, una dolencia impertinente que ha condenado al regidor a los actos patrios de cercanías y a un servidor al ostracismo, justo cuando la humanidad estaba a punto de saborear un nuevo alunizaje. Otra vez será. Ahora lo más importante es que se recupere, que la salud es una cosa muy seria.