A RAIOLA
14 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.YA SE iba estirando más de la cuenta ese funesto parón de las obras de Lavacolla. Y lo peor de todo es que se trató de una prolongación que en absoluto estaba justificada, como una broma de mal gusto a las que nos tiene acostumbrada la Administración central por otear desde lo alto y no advertir lo que pasa en la hondonada. El enlace al aeropuerto fue una chanza ya desde el comienzo, cuando allá por el año 2000 el personal jurídico de Fomento se puso a discutir desaforadamente con el equipo técnico por la continuidad o nueva adjudicación del vial, en el momento en que éste iba a iniciarse ya en los terrenos que Cuíña les llevó en bandeja. Venció la licitación y, un lustro después, tenemos el servicio. Y digo «tenemos» porque confío en que los mandatarios de Fomento cumplan su compromiso en las fechas fijadas. A lo mejor es aventurarse, pero olvidemos por esta vez las quisquillas.