La Xunta deja estelas de cal y de arena

X. M. Cambeiro SANTIAGO

SANTIAGO

Análisis | Compostela ante la encrucijada de los comicios autonómicos Determinados proyectos discurren avanzados y otros duermen en cajones a la espera de un posible rescate

21 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

El alumbramiento prematuro de los comicios anticipará el cambio o la continuidad de la política autonómica vinculada a Santiago. Las huellas de la autonomía están distribuidas por las más diversas áreas de la vida compostelana. Hay procesos en marcha, otros en pañales y unos cuantos empolvándose lastimosamente en cajones de la Xunta, a la espera de un rescate por parte del ejecutivo que salga de las urnas el próximo día 17 de junio, con similares siglas o con otras. Relación institucional Tanto Xerardo Estévez como Sánchez Bugallo se encontraron bastante cómodos con Manuel Fraga como presidente de la Xunta. Las relaciones institucionales siempre estuvieron salvaguardadas, sin fricciones serias ni cabreos airados o altisonantes. Que el inquilino de la otra ala de Raxoi fuese Touriño o Quintana no entrañaría, aparentemente, grandes cambios, dadas las buenas relaciones que el alcalde mantiene con uno y otro. En todo caso, en la política tangible, el fiel de la balanza se inclinaría ligeramente según el color y habría coaliciones paralelas en las dos alas del palacio. El Consorcio de Santiago emprendió un camino imparable, bajo el paraguas real, y las administraciones prácticamente han garantizado su vital existencia por una buena temporada. Al menos por una década, si el calendario del Real Patronato con la rúbrica de todos y el cuño de la Zarzuela tiene valor. Los comicios dirán si las siglas se van a mantener inamovibles o se reduce al mínimo la representación de San Caetano. La nueva etapa, en todo caso, no acortará la vida de un organismo casi saneado que se identificó, y debe qué forma, con la ciudad. El caso viejo le debe mucho, y no tiene remilgos en acrecentar su deuda. Si el Consorcio contribuyó notablemente a mudar la fisonomía de Santiago, sobre todo en la época de las vacas gordas, la Carta de la Capitalidad no rezuma todavía el jugo que puede aportar a la ciudad. Es un instrumento de gran valor para Santiago cuya creación fue saludada y apoyada por todos los grupos. Pero no colma ni mucho menos las aspiraciones de Compostela, cuya factura de gastos capitalinos es tres veces mayor que lo ofertado por San Caetano. ¿Saciaría esa hambre un nuevo equipo autonómico? Por cierto, Raxoi suspira por más competencias efectivas y estables. Y odia las partidas veleidosas, de graciosa concesión. La Cidade da Cultura es la obra de mayor envergadura que se yergue bajo el cielo compostelano, y su desarrollo ocupará la próxima legislatura. Es probablemente la carpeta que más acaricia Fraga y con seguridad uno de sus inconfesables motivos para no apearse de San Caetano. El presidente suda tinta con sólo pensar que su gran proyecto pueda ver reducida o alterada su fisonomía. Las declaraciones de algunos destacados próceres de la oposición, en el sentido de rediseñar los perfiles, siembra de dudas la inmediata andadura de la Cidade. Podría estar en danza la reorientación de sus contenidos, no la obra en sí, ya avanzada. Los compostelanos están muy pendientes de los accesos a la ciudad, y la administración que más obras tiene entre manos es la Xunta. Navegando en la fase previa está los grandes corredores de Brión y Teo. Y es muy posible que sigan así en el momento del relevo autonómico. En realidad las máquinas ya deberían estar maniobrando hace tiempo, pero seguramente llegarán en el interim electoral. Lo que está claro es que son obras cruciales para salvar el proceloso tráfico que uno sufre diariamente camino de Cacheiras o Brión. Hay media docena de proyectos más en la comarca, y en la propia ciudad, que heredará el futuro ejecutivo. La continuidad de la política de vivienda pública, que hizo sentarse a la mesa (tardíamente) en varias ocasiones a munícipes y directivos del IGVS, es una de las grandes inquietudes de la ciudad. Un par de convenios han fructificado en una quincena de polígonos, en marcha o en camino, y la aspiración de los ciudadanos es que no se interrumpa el chorreo residencial amparado por fondos públicos. Como la mecánica es ya conocida, Raxoi está deseoso de suscribir nuevos acuerdos, pero ese afán tienen que sintonizar con los designios del futuro IGVS. Quizás éste se esmere un pelín más y deje fluir recursos también para esa oficina de vivienda que clama aún en el desierto económico de Cervantes. La transición coge asimismo en mantillas la dotación anticipada de suelo para las grandes industrias, programada por el IGVS. Hay ya varias firmas con nombre propio y prestigio internacional creciente que quieren asentar los reales en el espacioso enclave de Amio. Casi un millón y medio de metros cuadrados dan mucho de sí, pero la superficie no es suficiente si no lleva aparejada un desembolso asequible. Y por ahí quiere meterse el IGVS, que deja interrumpido un programa de asentamientos para casos especiales (Castrosúa, Urovesa, etcétera). El nuevo ejecutivo entra con el famoso ciclotrón hospitalario en marcha, pero los compostelanos todavía están esperando que se abran las puertas del punto de atención (PAC) ya construido y nunca inaugurado. Y están deseando también que deshoje de una vez la margarita del centro de salud en el casco histórico. Aunque mucho nos tememos que sea un tema para el otro lado de al frontera electoral. Enseñanza Los colegios de Sar y Castiñeiriño claman por una solución que tendrá que llegar en forma de nuevas dotaciones. El Concello y la comunidad escolar no se cansan de poner el grito en el cielo, pero no encuentran el deseado eco en la Consellería de Educación, que parece haber tapiado sus oídos. Hay, además, algunos centros públicos que piden algo más que un nuevo revestimiento. No poca sordera ha demostrado también (en el caso de Santiago, no el de Vigo o A Coruña) la Consellería de Industria ante el requerimiento de un nuevo recinto ferial. La necesidad es obvia, y bastante lacrimoso el olvido de la ciudad central de Galicia, la única que no dispone de un inmueble específico para albergar reuniones feriales. Lo que no tiene pies ni cabeza es mezclar el olor a estiércol con diseños de viviendas confortables. Si no lo tuerce el destino, es muy probable que los siete municipios comarcales y la Xunta empuñen la estilográfica antes de las elecciones de junio para formalizar de una vez por todas el plan de transportes. Los documentos están preparados y los usuarios del transporte interurbano miran de reojo hacia Ferrol. Santiago entró en Sogama siguiendo un rastro teñido de polémica, y la planta de transferencia está medio construida junto a la carretera de A Coruña. Es de imaginar que el proceso desembocará en Cerceda en esta legislatura (el 1 de junio tendrían que estar entrando los camiones) y no se moverá de ahí en la próxima, al margen de las ganas que más de uno pueda tener para variar el rumbo de los residuos.