Las nuevas «vanitas»

Mercedes Rozas

SANTIAGO

Crítica | Arte | «La hora de la estrella»

18 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Desde las primeras naturalezas muertas en la historia de la pintura, las velas han sido uno de los símbolos de lo efímero. «La vida se va como el humo» es el mensaje de las vanitas del barroco, un tema que mantiene un vínculo estrecho con la muerte, representada en los grabados del XVII de manera descarnada y dramática. La interpretación que hace del género Manuel Vilariño en sus creaciones -fotografías e instalación- ofrece una percepción de lo sereno porque libera a la composición del drama exagerado. La iconografía se dulcifica hasta el límite de una fragilidad vidriosa que parece que en cualquier momento puede saltar en pedazos. La vela sobre una mesa, la luz agazapada, la sombra vigilante... y un silencio absoluto, que lo impregna todo, dan valor a la imagen. El autor ha ido aplacando el motivo a medida que vaciaba de elementos la composición. No se intenta disfrazar el sentido de la vanidad, ni de lo fugaz; se narra con emoción, pero sin histrionismo, exageración ni patetismo. Es un lenguaje esquemático que no desprovee de contenido a la obra; la atmósfera gana con la parquedad e, incluso, con la ausencia. Con una llama, un hueso, las crines de un caballo consigue crear un espacio estético en el que se ha calibrado hasta el más pequeño gesto plástico. Se cuida la limpieza de las formas, se estudian los contrastes lumínicos, la situación de los objetos, el escenario... Al mismo tiempo, se describe el silente del momento y la vida como tránsito. Tanto en la reflexión que Vilariño hace del destino de la existencia como en el equilibrio y armonía de sus instantáneas, reconocemos una línea de tradición artística plasmada en las escenas nocturnas pintadas por De la Tour, los altares de frutas de Zurbarán, las plazas metafísicas de De Chirico, los sobrios bodegones de Morandi... Después de esta última producción, es difícil saber hacia donde puede orientarse su arte porque ha llegado a establecer un umbral de sensibilidad sublime, en el que expresamente podemos hablar de belleza. LA HORA DE LA ESTRELLA. OBRA DE MANUEL VILARIÑO.