Testimonio | Marcos Otero Adrán Uno de los dos supervivientes de la furgoneta machacada por un camión el martes en la AP-9 creyó que no saldría vivo de allí hasta que escuchó el sonido de sirenas
18 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.«Sentín un golpe e, cando abrín os ollos, xa estaba debaixo do camión». Marcos Otero Adrán es una de las dos personas que viajaban en la furgoneta que el pasado martes fue literalmente aplastada por un camión. El percance se produjo en la AP-9, a la altura de la Cidade da Cultura, cerca de las nueve menos cuarto de la noche. Marcos y su compañero Carlos Ventosa quedaron atrapados entre los restos de su vehículo, gravemente heridos y con un transporte de varias toneladas suspendido sobre sus cuerpos. Fueron necesarias casi dos horas para rescatarles. «Creía que non sairía de alí», afirma Marcos. «Estaba boca arriba e doíame moito o brazo e o peito; tiña a transmisión do camión ao lado do hombro esquerdo». Los primeros cinco minutos fueron lo peor porque «alí, con todo escuro e o camión enriba un pensa no peor, pero cando oímos as sirenas tranquilizámonos un pouco». Mientras tanto, él y Carlos se buscaron con la voz y se preguntaron por las heridas, «a Carlos doíalle a perna porque quedou preto do motor do furgón, que aínda debía estar moi quente». Los tripulantes del camión les llamaron a gritos y ellos les pidieron que les sacasen de allí, pero no podían ayudarles. Después, los bomberos, «a mellor xente do mundo», les buscaron con linternas y usaron dos grúas para levantar el camión en vilo. Durante ese tiempo, dos funcionarios permanecieron todo el rato con ellos hablándoles. «Foi algo que nos axudou moito; os bombeiros foron o mellor, non sei se cobran moito, pero espero que si porque o merecen», asegura Marcos. Para su familia la tranquilidad sólo llegó cuando le vieron vivo, algo que les pareció increíble. La angustia debió ser terrible para ellos porque, mientras llegaba en la ambulancia al Clínico, Marcos decidió no hablar más por cansancio, y cuando el conductor se lo dijo al encargado de Urgencias éste entendió que había muerto. Los sustos empezaron mucho antes, cuando se produjo el accidente. La furgoneta en la que iban Marcos y Carlos sufrió una avería en la AP-9, cerca de la Cidade da Cultura. «Non sabemos que lle pasou, aparcamos no arcén e baixamos cos chalecos para poñer os triángulos», explica Marcos. Volvió a la furgoneta y entró por la puerta corredera hablando por el móvil con el mecánico, «o pai da miña moza», señala. Le dijo que tenía que abrir la tapa del radiador para que funcionase, pero no tuvo tiempo a comprobarlo. El camión les golpeó y la furgoneta, aplastada, «dobrouse na cuneta; é un espacio pequeno, pero foi dabondo para salvar a vida». El camión quedó parado encima. El padre de su novia dejó el teléfono descolgado y salió corriendo, no sabía que había pasado pero lo intuía. Allí empezaba una pesadilla de dos horas «nunha situación na que cinco minutos parecen días». Afortunadamente, Carlos mejora en la Uci y Marcos se recupera en el hospital de Conxo. Tiene un brazo roto, «no que o oso saíu fora», y una costilla. No es creyente, «esas cosas non as sabe ninguén», pero sabe que tuvieron suerte porque «outros morren por moito menos».