DE REOJO | O |

12 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

EL BUEN cine de terror se basa, en muchos casos, en situaciones comunes. Algunos de los ejemplos modernos más depurados de esta tendencia son japoneses. Por ejemplo, The ring cuenta la historia de unos adolescentes que mueren tras ver una cinta de vídeo y recibir una llamada de teléfono. Dos elementos vulgares, pero que en el filme resultan fatales. Los nipones han descubierto que el peligro envuelto en mediocridad nos acecha. Va un mediocre, se sube a un coche, y tenemos un desastre. El tarugo en cuestión se salta el semáforo, o va borracho, o corre mucho. El caso es que comete una mediocridad, y pasan cosas feas: un atropello, una colisión... Las maldades cutres y asesinas son patrimonio de las personas, unas normales y otras no tanto, que las comenten en un momento dado. Eso sí, casi nunca son casualidades. La mayoría son burradas perpetradas en la mayor vulgaridad. Por eso hay que apelar a la responsabilidad de las personas, y no a las circunstancias de turno. Mientras eso no cambie nos enfrentamos a «¡el horror!», que decía Marlon Brando en Apocalipsis Now, cuando cogemos el coche.