DOCUMENTACIÓN
15 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.La plaza de Galicia de Santiago estaba al sur del recinto amurallado de la ciudad y se convirtió no sólo en una nueva puerta de Santiago, sino en la principal. Los más importantes accesos de la ciudad partían de aquí, según recoge en la obra Rincones de Compostela , editada por el Consorcio, el arquitecto José Luis Pereiro. Los viajeros procedentes de Galicia se congregaban aquí. Claro está, con este ingente movimiento de personas, la plaza de Galicia era un escenario neurálgico y un punto de encuentro en la ciudad. Desde la segunda década del pasado siglo el Castromil fue un factor esencial en la formación de ese hormiguero humano. Alojamientos y restaurantes nacieron al socaire de ese ajetreo viajero, y así fue hasta que la piqueta demolió el Castromil a mediados de la década de los setenta. Son muchos los compostelanos que han vivido esa estampa viva de la ciudad, y que hoy añoran con nostalgia el movimiento en torno a la antigua estación de autobuses de Santiago. Una década antes de la erección del edificio del Castromil, el bello inmueble de la Inquisición (construido un poco antes de que comenzase a cobrar forma la plaza de Galicia) ponía su toque de hermosura arquitectónica, pero fue condenado a muerte y destruido en 1913. La maldición del lugar hizo que también fuera derribado el edificio que lo sustituyó, dedicado a garaje y luego teatro, para levantar el Hotel Compostela. Juzga José Luis Pereiro que la etapa de mayor interés de la historia de la praza de Galicia coincide con la construcción en 1922 del Castromil, convertido en hito urbano. Fue proyectado por Rafael González Villar, quien, según Pereiro, «realiza una de sus obras más brillantes y acertadas como punto de encuentro entre dos ciudades distintas». El esfuerzo del Colegio de Arquitectos para salvarlo tropezó con una administración obtusa y, dice Pereiro, «al final se creó el vacío de la praza de Galicia», frase que suena a epitafio.