Análisis | Enemigos públicos locales Los delincuentes más prolíficos de Santiago están ahora mismo entre rejas. Sus casos son un claro ejemplo de que el sistema falla a la hora de reinsertar a ciertas personas
30 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Cada vez que el juez los manda a la cárcel, Santiago se convierte en una ciudad más segura, pero no hay condena que cien años dure. En una época muy dada a buscar enemigos públicos números uno en bandas organizadas de importación, no hace falta ir demasiado lejos para identificar a algunos de los delincuentes más prolíficos y conflictivos de cuantos hayan puesto en peligro a la ciudad y a sus ciudadanos. Y, de todos, dos nombres destacan sobre los demás, por violentos y también por jóvenes: Fernando Botana Gerpe, alias Roque; y Miguel Vega Ramírez. Ambos están en la cárcel, pero tarde o temprano saldrán. El «Billy el Niño» de Ames Poco se sabe de Fernando Botana Gerpe desde que ingresara en prisión en el año 2003 para pagar sus deudas con la sociedad. Pero no cabe duda de que, con su carácter, será uno de los presos más temidos de la cárcel de Teixeiro. Roque es su nombre de guerra y, con poco más de veinte años, tiene a sus espaldas un historial delictivo que sirvió para que los medios de comunicación lo bautizasen como el Billy el Niño de Ames. Cuando fue juzgado en el 2003 por un robo en Urdilde, llevaba la nada despreciable cantidad de cuarenta detenciones de la Guardia Civil en sus muñecas y otras cinco del Cuerpo Nacional de Policía. La última vez lo cogieron después de estamparse con un coche robado en la carretera de Noia. Dicen que su maestro fue su primo Andrés, quien le enseñó el oficio desde bien niño. A pesar de leer y escribir con dificultad y de no haber pisado una autoescuela en su vida, es una fiera al volante y eso lo saben bien quienes se han jugado el tipo persiguiéndolo. Tiene fama de violento, de no mirar nunca a los ojos y también de ser arrogante, indisciplinado y muy mentiroso, un espíritu libre y peligroso como un foguete de feria sin caña. En compañía de otros Le ha pegado a los robos de cualquier clase, a los alunizajes y a los atracos a mano armada. Sobre si estos últimos años a la sombra habrá hecho bueno de él existen serias dudas, incluso hay quien está seguro de que, en cuanto pise la calle, hará otra peor que la anterior. Con su primo Chucho Pombo y su colega José Luis Peón completan un trío de esos con los que es mejor que Dios te coja confesado. Ahora que ya llevan fuera de circulación más de dos años, sus vecinos empiezan a temer que, en cualquier momento, la Justicia dé por pagadas sus deudas y vuelvan los problemas. Y, aunque el beneficio de la duda y la reinserción son derechos que asisten a cualquiera, en el caso de Botana y los suyos la cara de circunstancias es inevitable. Junto con los llamados «lobos» de Ames, hay otra familia que trae de cabeza a policías y guardias civiles: los Vega Ramírez. Miguel, hereda el carrerón al margen de la ley emprendido por otros dos individuos que llevan sus mismos apellidos y que cumplen prisión por el asesinato, hace diez años, de José Luis Lago Cacheda: Marcos y José Antonio Vega Ramírez. Y aunque Miguel está fuera de circulación temporalmente por el robo frustrado de la semana pasada en una tienda de la Caldeirería, la tranquilidad no durará demasiado. Y no son pocos los que tragan saliva al caer en la cuenta de que, después de diez años a la sombra, no faltará mucho para que Marcos y José Antonio pisen las calles.