El sambódromo del Ensanche calentó una tarde de invierno

SANTIAGO

Miles de personas siguieron el desfile carnavalero por las calles de la ciudad

06 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El Ensanche compostelano no es el sambódromo de Río, pero ayer no desmereció. Con un ojo en la lluvia y otro en el viento, el desfile arrancó a las 17.45 y llevó por toda la ciudad el espíritu del carnaval.

Abrían tres carrozas espectaculares, con hombres y mujeres vaporosos que realizaban coreografías sensuales y apetecibles para una tarde de invierno. Justo detrás, Os Larpeiriños van de festa, del colegio Emma, desfilando vestidos de caramelos Sugus, bombones Trappa y tarta de cumpleaños al ritmo de «Eva María se fue...».

Las cometas de Vai de Meco perfectamente podrían haber echado a volar con la ventolera que despeinaba a las seis de la tarde. A continuación, un nutrido grupo de payasos animados por el gran éxito de los niños de ayer y de hoy como es Había una vez un circo.

Más atrás venían Os Conformistas de Conxo, a ritmo de muiñeira, con unos elaborados trajes del siglo XVII, y justo después, los chunda chundas de Os Atrevidos.

Rusos de Pontevedra

Y apareció una de las comparsas más espectaculares. Si no era toda Rusia, le faltó poco: El Zar, su guardia, la zarina, la catedral de San Basilio, numerosos bailarines que pusieron en marcha una coreografía espectacular, un trineo... No faltó de nada. Eran los rusos de Samieira-Poio (Pontevedra), especialmente llegados para la ocasión. En Pontevedra no se llevaron el primer premio por nada.

Aún quedaba mucho desfile por delante cuando apareció, desde Vilalonga-Sanxenxo, una comparsa de los años 20 completa hasta el extremo, desde el coche con los mafiosos bien armados a los policías, el camión de bomberos, el casino, los repartidores de prensa y el fotógrafo con su cámara de fuelle y su flash de magnesio.

Dos folclóricas-macholo hacían de intermedio para lo que venía detrás: la comparsa Colores de O Porriño con sus trajes coloridos y su máquina de lanzar pompas de jabón. Incontable el número de personas que desfilaban en esta atracción, bautizada para la ocasión como Fantasía romana. Muy trabajada también la coreografía.

Detrás de una castillo medieval desde el que saludaban el rey y la reina, caballeros cruzados disputaban una lucha sin cuartel y una catapulta lanzaba sus bombas de confeti.

Y llegó la cantina Mariachi, amenizada por lo mejor de Rocío Dúrcal y muy animada. De repente, una aparición: Elvis, el auténtico Elvis, subiendo por Santiago de Chile.

Los del Centro Sociocultural de Conxo y Cardenal Quiroga Palacios se curraron un incendio completo: los eucaliptos, el fuego, la cuadrilla de bomberos y los de la reforestación. Llamaba la atención Lor, un minúsculo perro vestido de eucalipto joven que hacía su papel todo lleno de dignidad. Y venga a darle a la batería los de la charanga de Loiba (Ortigueira).

Los de Laraño fueron al desfile muy vistosos con sus caretas blancas y sus cabezas anaranjadas. Les sucedía un cumpleaños completo, con tarta y regalos. Detrás, la asociación Ñanereta de Paraguay, las hormigas Trancas y Barrancas, la farmacia completa del Hospital de Conxo, en la que había de todo, como en botica, y la Asociación Casa Latinoamericana con la pancarta: «Polo dereito a ter dereitos».

Los de la comparsa 13 iban de árabes sobre sus alfombras, con harén y todo. Increíble el pequeño salón del automóvil que se montaron a continuación sobre un vetusto Ford Fiesta.

Os Tonechos en una Kawasaki con sidecar; las vacas del Sindicato Unido de Pobres; los soldaditos con su barco de papel de periódico; la charanga Os Amigos y el mismísimo Shrek salido de su ciénaga.

Había mucho más en el desfile: un cardenal bailón, payasos, algodones de azúcar con patas fabricados en un remolque y la comparsa de presos que, en solidaridad con los tres de O Eixo, vistieron pijama de rayas y cargaron con una pancarta que decía, en favor del indulto: «Non é unha entroidada, é unha realidade».

Espectacular también la puesta en escena de la mini banda de Luaña, de Negreira, con director y fogueteiro de serie, bordando el pasodoble Puenteareas, del maestro Reveriano Soutullo. Epi, Blas, Triki, Don Pimpón, Espinete y, cerrando, la comparsa O Señor dos aneis de A Baña, con todo el reparto imaginable. La lluvia se complicó a hacia las siete, pero la fiesta, para entonces, ya estaba hecha. Hoy, con la quema do Meco, las carrozas volverán a ser calabazas.