¿Qué fue de Expocompostela?

X. Rodríguez

SANTIAGO

La decisión, en 1996, de reconducir el proyecto del mercado de Amio para hacer compatible el ganado con los eventos feriales tuvo enseguida un resultado fallido

04 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La llorosa ausencia de un recinto apropiado para la celebración de ferias no tiene un final a la vista, debido a la esquivez administrativa a la hora de afrontar una solución válida para la ciudad, pero tiene un principio confuso, un surgimiento a trancas y barrancas. El proyecto de mercado que tuvo en su estudio el ingeniero agrónomo Alejandro Sánchez de Dios, para sustituir las instalaciones de Salgueiriños, era un inmueble de tres naves destinadas a distintos tipos de ganado, una de ellas exclusivamente para recría. El pliego de condiciones aprobado en 1994 llevaba también a ese camino, con complementos agropecuarios.

La edificación del mercado fue conflictiva, como tantas otras, y tuvo que sufrir una parálisis de año y medio por motivos esencialmente económicos. Fue durante el proceso de construcción cuando el gobierno municipal de Xerardo Estévez alumbró la idea, en aquellos momentos feliz, de reconvertir el proyecto para agregarle un rango ferial a las instalaciones.

Era la manera de facilitar la gestión privada a las instalaciones, sacarles el máximo rendimiento posible y enjugar la deuda municipal por el largo parón de las obras. El recinto, concebido para reses, tenía que ser adaptado a su nueva función polivalente (un pavimento resinoso y un sistema de cierre de recinto para propiciar la celebración de exposiciones). Quien optase a gestionar el recinto tenía que sufragar esa actuación. Trapsa invirtió 1,9 millones para hacer de Amio un servicio ganadero y ferial.

El espacio ganadero de Amio quedaba condenado desde ese momento, con los límites espaciales fijados en el proyecto de Sánchez de Dios, a compartir reses y joyas. Una convivencia fácil propiciada por el suelo de resinas epóxicas, fácil de limpiar, y el cierre adaptable. Pero ahora «imposible», según reconoció el alcalde el pasado viernes. Lo que en 1996 se anunció con ilusionantes miras fue el germen de la discordia, lo que provocará, si no se resuelve antes, que las vacas se alojen el próximo mes de abril en los salones residenciales de Amio.

El nuevo recinto ferial de Amio, con una nave propia de 5.000 metros cuadrados, fue bautizado como Expocompostela. Curiosamente, la feria de apertura fue Expovivenda, que se montó en marzo de 1998 con ochenta expositores. ¿Alguien volvió desde entonces a llamar por su nombre (Expocompostela) al recinto ferial de Amio? No consta.

Sin una mísera ayuda del gobierno Fraga, que se escaqueó hasta el final de su mandato de solucionar los problemas feriales («Hai que dicir non a moitas exposicións por non ter onde facelas», se quejaba Xerardo Estévez en octubre de 1996) de la ciudad, mientras esparcía la geografía gallega de recintos de dudosa rentabilidad. Salvo el de Vigo, ninguno ha resultado económicamente satisfactorio. El panorama desalentó al gobierno actual, que enseguida se arrepintió de sus compromisos.

Primeras chispas

Eso sí, la inauguración del recinto ferial (días antes que la del propio mercado de ganados) fue saludada por las autoridades. El conselleiro Castor Gago, junto a Estévez, aplaudió la «entrada de Santiago en el mundo de las ferias con Expocompostela».

No tardaron en saltar las chispas en el roce de los eventos feriales en Amio. La delimitación de usos no podía plasmarse en realidad, el ganado invadió Expocompostela y Trapsa diseñó un proyecto de ampliación de las naves destinadas a las reses para liberar totalmente los 5.000 metros de la sala expositiva. Justo cuando ese proyecto iba a ser tramitado por Raxoi (año 2001), las vacas locas aparecieron en el horizonte y el Concello frenó la ampliación. Hasta hoy. El ganado había sufrido un impresionante bajón del 40%. Y el matadero, también.

Con las carencias del recinto, las ínfulas de Santiago como ciudad ferial se esfumaron. Santiago se resignaba. Días más tarde de la cancelación de las obras en Amio (febrero del 2001), Xosé Sánchez Bugallo anunció: «Traballaremos para que as grandes exposicións sexan en Silleda». Se refería a los eventos de más de 5.000 metros cuadrados.

El regidor acababa de rubricar un convenio de colaboración con la Fundación Semana Verde, firmado por «puro pragmatismo». Compostela se convertía en la ciudad de referencia en el «recinto ferial único» Santiago-Silleda. Raxoi consideró imposible efectuar una inversión de 3.000 millones de pesetas en un recinto ferial sin el apoyo de la administración autonómica. La Xunta alegó que sus caudales ya se habían ido a Silleda.

El documento no logró hilar un solo acontecimiento (¿Mite 2002, tal vez?) fruto de la colaboración pactada. El reciente estudio de Gallegos y Cienfuegos explicó por qué ese papel salió mojado, tanto como el nombre de Expocompostela misteriosamente desaparecido, y que uno ahora recuerda con el funcionamiento de Expocoruña.