Una técnica de Sanidade y un trasplantado de páncreas e hígado sensibilizan en las aulas para buscar donantes
07 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Un niño de 13 años de un municipio próximo a Santiago está en lista de espera para que le injerten un pulmón nuevo en el hospital de A Coruña; y otro, de 14 años, está pendiente de un trasplante de médula. Estos dos ejemplos los expuso ayer José Manuel de Llano, un coruñés que recibió un doble trasplante de páncreas e hígado hace siete años y medio, en una charla para dos grupos de segundo de bachillerato del colegio Compañía de María, en la que se les intentó sensibilizar sobre el interés de la donación de órganos y tejidos. También intervino Marta Álvarez Vázquez, técnica de Sanidade experta en trasplantes.
El joven alumnado asistió con enorme atención a un acto que contó con apoyo audiovisual y que estuvo presidido durante mucho tiempo por la imagen de una niña que tiene tres años de vida y lleva desde hace dos trasplantada de un riñón. Y que finalizó con la proyección de un impactante vídeo sobre una familia que, cuando falleció su hijo, no autorizó la extracción de los órganos, al sentirse profundamente afectada por aquella pérdida; y poco después el padre se salvó gracias a un trasplante de corazón.
Marta Álvarez expuso varios ejemplos concretos de cómo injertos de órganos y tejidos cambiaron la vida de personas que los recibieron. Además del interés de recibir un corazón, pulmón, hígado, intestino, riñón o páncreas nuevo, también enfatizó los tejidos, como una córnea injertada a un trabajador que la necesitaba tras sufrir un accidente laboral en un taller de sosa cáustica; o un joven que perdió un codo en un accidente de moto y le injertaron otro procedente de un cadáver, con lo que mejoró su calidad de vida sin problemas de tener que someterse a otra intervención como ocurriría si le colocasen una prótesis. O también el caso de David, un adolescente de 16 años que, a causa de un tumor en la tibia, le tuvieron que retirar el hueso afectado y colocarle otro nuevo, también donado.
Decidir en horas
«Uno nunca se plantea que va a ser trasplantado», indicó José Manuel de Llano. En estas charlas a escolares, o en las que tiene con personas que están en lista de espera de trasplante «no hablamos de la muerte, sino de la capacidad de una persona de generar vida después de finalizado su ciclo biológico», dijo, y enfatizó que son más las posibilidades de tener que ser trasplantado que no de ser donante.
Es un instante difícil, porque la familia tiene que decidir si autoriza la extracción de los órganos en un plazo breve, de unas 4 a 6 horas tras producirse la muerte cerebral. En Galicia, indicó Marta Álvarez, la mayoría de las negativas se amparan en desconocer el deseo del posible donante, y en el miedo a que les devuelvan el cuerpo desfigurado. Esta última posibilidad no se da, indicó, pues las extracciones se ejecutan en un quirófano y con el máximo cuidado para devolver el cuerpo manteniendo la estructura y forma física, aseguró.