Una herida abierta por el derribo del edificio Castromil

La Voz

SANTIAGO

13 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Muchos compostelanos tienen en la memoria el edificio Castromil, muestra única de arquitectura modernista y que la piqueta de la especulación se llevó por delante en 1974. En esa herida abierta se construyó posteriormente la plaza pública y el aparcamiento subterráneo, una solución que nunca convenció a nadie. Seis décadas antes había seguido la misma suerte el bello inmueble que fue sede de la Inquisición, en el emplazamiento que ahora ocupa el hotel Compostela.

En superficie, la plaza del centro neurálgico de Compostela se ha convertido en un lugar perfectamente desaprovechado alrededor del cual circulan miles de vehículos y un flujo constante de peatones por sus aceras -angosta la del lado del BSCH- en dirección hacia el centro monumental o para zambullirse en pleno Ensanche, sorteando a las personas que esperan pacientemente, y con frecuencia empapándose bajo la lluvia, el autobús o la llegada de un taxi en la confluencia con Montero Ríos. La plaza de Galicia dejó de ser funcional hace muchos años, producto del caótico crecimiento de la zona nueva y las exigentes necesidades de movilidad de una ciudad moderna.