Nació hace un año y medio, se sitúa en Rosalía de Castro y su dueño es Franco Bracone. Una alfombra roja, terraza, palmeras, luces de fiesta, música y ¡a comer! Pero la decoración, inspirada en locales de Roma, no es lo más sobresaliente de la Dolce Vita. La estrella indiscutible es el horno de leña donde Loris Amore elabora pizzas como por ejemplo la Valentino Rossi , que se llama así por su sabor picante, la Diávola , la Polifemo o la Porca Vacca una expresión que como explica Alberto Bracone utilizan los italianos para exclamar un contratiempo. Algo que en español sonaría un poco más brusco. Alessandro D'achile es quien se ocupa de la cocina junto a Poria Barone, elaborando platos como Tagliatella cartocho, es decir unos tallarines con champiñones, bechamel y demás que se sirven en un molde, es decir en una figura hecha con papel de aluminio como la que aparece en la fotografía. Pablo Martínez y Edison Barros son dos de los camareros que atienden este local. Los Caracoles. Está en pie desde 1986 y los caracoles son su símbolo. A la riojana, con salsa picante y cebolla confitada, o al albariño pero aquí estos babosos moluscos son muy queridos. Natalia González Pose es quien se hace cargo junto a Manuel García Meneiro cuando su madre no está, ya que su padre se jubiló y a ella, María Esclavitud Pose Corral , al parecer también le están entrando ganas. Los brasileños Joao Paulo Freitas y Rogelio Gómez trabajan como camareros desde hace dos años. Un trabajo que como explica Natalia hace mucha falta, sobre todo en verano, ya que con el sol la gente prefiere salir a la calle y todo se llena. «Al principio» -cuenta la responsable- «los clientes dicen que los caracoles no tienen mucho sabor, piensan que es la salsa, pero poco a poco lo van apreciando». Nadie quiere quedarse sin probar este extraño manjar y entre otros los extranjeros que más se aventuran son los italianos, los franceses y los portugueses. Turco. Hace dos años traspasaron un local en la calle Rosalía de Castro y Mehmet Góuz no se lo pensó dos veces. Desde entonces no ha parado de trabajar pero como explica «se está notando la crisis, por lo menos ha disminuido un 30% la clientela». Otro dato curioso es que pocos extranjeros se decantan por esta comida, son los españoles los que le levantan el negocio. En el que también trabaja Azziz Sahli y si tiene suerte su hermano Mesut Góuz, por lo menos durante estos días de vacaciones ya que él vive en Turquía.