Comenzó la negociación presupuestaria con una propuesta de congelación salarial que provocó los primeros enojos
09 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Esta vez parece que el nuevo ejercicio no pillará en calzoncillos a los miembros de la corporación. Andrés Fariña sacó de su faldriquera un bosquejo de las cuentas del 2009 y, lo que es más sorprendente, nacionalistas y socialistas ya lo están ojeando para aglutinar sus propuestas. Parece premura, y sin embargo se trata de un trámite que debería desarrollarse todos los años por estas fechas, a fin de llegar al 1 de enero con los deberes hechos.
Claro que es un procedimiento que encierra más quebraderos de cabeza que ningún otro, porque distribuye el pastel económico entre catorce administradores y siempre hay, inevitablemente, miradas codiciosas hacia el vecino de al lado. Pero a la vez que las apetencias crematísticas para cada apartamento, en el tablero presupuestario que se ha empezado a jugar figuran este año las remuneraciones de los propios ediles. En otras esferas el anuncio de una congelación salarial suele destapar la caja de los truenos, pero en la dirección de una administración pública hay que demostrar tragaderas.
El público elector está muy pendiente, excesivamente pendiente, de los bolsillos de sus dirigentes, y menuda papeleta les puede crear a estos una petición como la que le formuló el representante del PG de Padrón a los gobernantes de reducir un 5% el sueldo. Claro está, si uno revisa las asignaciones del anterior mandato, no hay razón para poblar la viña de redrojos y los munícipes rechazaron la propuesta. Pero ya se ha logrado que el término «caradura» circule impunemente por las tascas: en Ferrol lo han hecho y aquí no.
Claro que existen Concellos de Galicia en donde los sudores de los paisanos se traducen en indecentes ingresos de la cúpula municipal. Hay reducciones justificadas, pero en muchos casos el sueldo de un edil que lo es durante las 24 horas tiene su correspondiente justificación. En los locales públicos de Santiago, como en otros muchos pagos, uno escucha frecuentes bofetadas contra los ediles supuestamente «cobrones». Es un tema que se presta al desahogo.
No obstante, la remuneración de los cargos pide prudencia y cautela. Cuando el alcalde anunció en septiembre su intención de congelar los sueldos de los concejales, en el marco de la crisis, el BNG se lanzó en plancha a cuestionar la medida, tachada de demagógica y simbólica. Bien mirado, sí que es simbólica. El erario ahorra unos 48.000 euros, un 0,04% del presupuesto. La respuesta nacionalista, no obstante, emergió de la precipitación. Concellos relevantes, y más de uno «simbólico» y lejano como Láncara o Portomarín, ya habían aprobado congelaciones en sus feudos. En A Coruña el ahorro se aplicará a ediles y altos cargos y representa 103.000 euros, un moco de pavo en el escenario económico de ese municipio.
El Bloque Nacionalista Galego dejó atrás aquellos calificativos y apela a la negociación de los dos socios. Solo que la paga del 2009 ya está metida en el congelador y cuantificada en el proyecto del concejal Andrés Fariña. El «hai que falalo» habrá de tener, se supone, algún tipo de expresión o traducción.
Los presupuestos, que alimentan o aplazan proyectos en cartera, constituyen uno de esos momentos en los que una coalición tiene que demostrar su anclaje. ¿Se acuerdan de lo que dijo Conde Roa en mayo por la falta de acuerdo en los presupuestos?: «Podríamos estar en la antesala de la ruptura del bipartito». Las cuentas de este año preelectoral parecen no levantar ampollas en la piel del bipartito. El temible espejo de Ferrol está borroso desde los tiempos de Quintanilla, el único alcalde reelegido en esa ciudad. «Espero que aquí non ocurra nada parecido ó de Ferrol nin vexo ningún motivo para que suceda», comentó Bugallo en Radio Voz, con las manos apoyadas sobre la mesa de madera revestida del estudio.