El alcalde viajó a la capital de España para presionar sobre los proyectos pendientes en medio del escepticismo del PP
21 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.¿Ve cómo es cierto que en Madrid hay que estar rogando y con el mazo dando para que no se escondan las cosas de Santiago? Lo decíamos en octubre. El alcalde lo ha experimentado estos días con su viaje relámpago (relámpago en la ida) a los despachos de Fomento y Defensa. Y es que los grandes proyectos de la ciudad vienen y van como el oleaje y los compromisos no paran quietos.
Las páginas están repletas de promesas de plazos y de notables avances que parecen prender en las silveiras con una facilidad pasmosa. Y si uno se queda absorto a velas vir, los meses y los años van dejando anillos en los proyectos y tampoco es cuestión de aplicarles el carbono-14 para datar su antigüedad.
Es el camino que lleva, por ejemplo, el proceso de ampliación del aeropuerto. No es extraño que el líder de la oposición municipal, Gerardo Conde Roa, diga que no se va a realizar la terminal, pues se aplanó de tal forma que hacerla revivir en medio de las estadísticas de viajeros que alumbra mensualmente Aena parece una misión complicada. Al alcalde Sánchez Bugallo le garantizaron en Madrid prioridad para Lavacolla. Se la volverán a garantizar dentro de un par de meses, pero el «qué hay de lo mío» terminará haciendo efecto.
Esto es, hay que plantarse en Barajas aunque se corran riesgos en el retorno. El alcalde se vio pillado de lleno en el remolino aéreo al regreso de Madrid y la huelga fantasma de Iberia le hizo vagar como alma en pena por la capital. No se puede proponer uno con seguridad un viaje relámpago y llegar a tiempo para una reunión a las 17.00 con un colectivo vecinal. Los contratiempos le sucederán más veces, por este u otros motivos. Aquí y allá. El otro día María Jesús Sainz se quejaba a este redactor de que había tenido que desplazarse a Alvedro para coger un vuelo a la capital española.
Entre los avatares del transporte aéreo, el absentismo del tráfico comercial y la demora de las nuevas instalaciones de Lavacolla, el ciudadano parece amuermarse ante los sucesivos males del aeroespacio santiagués. Y el tedio no es neocompostelano ni eurocompostelano, según los munícipes que acuñaron el término.
Madrid anunció que el nuevo Lavacolla no tardará en latir. Pero por lo de pronto ya le ha contagiado el letargo a los santiagueses que un día glosaron ilusionados el lujoso proyecto aeroportuario. A más de uno les sonaba rara tanta inversión. Y Gerardo Conde ya ha entrado en la fase REM del escepticismo, ante el cabreo indisimulado del alcalde. En realidad, es la larga secuencia del cabreo mutuo ininterrumpido desde aquel alentador abrazo de principios de mandato, en días de vino y rosas que han desembocado en dos navidades consecutivas sin compartir mesa y mantel.
Proyectos pendientes
Pues bien, en el talego opositor de Conde Roa los proyectos pendientes de Madrid figuran en un lugar privilegiado de la línea de ataque. La acometida no pudo desarrollarla el portavoz popular en el pleno del estado del municipio al agotar el exiguo tiempo de intervención, dejando al alcalde sin estrenar la batería de contraargumentos que tenía anotados en un folio.
Un folio que tiene que surtir más efecto en Madrid que en el salón de plenos. Y sin más dilación, para no incrementar la extensa nómina de descreídos. Lo exigible es la demanda de signos apremiantes que avalen la obra de la terminal y el machaconeo municipal en Nuevos Ministerios para despertar a la ciudad del peligroso sopor.
El miércoles el alcalde les diubujó a los ingenieros industriales un impresionante futuro de Compostela, una ciudad a la que Raxoi está intentando colocar sobre dos rieles de alta velocidad llamados PXOM y Plan Estratéxico. Y ya se sabe lo que pasa con el AVE, que llegará con una gran fiesta inaugural en el año 2012, bien marcado en el calendario musulmán.