«O Santiago de antes e o de agora son totalmente diferentes»

X. M. Cambeiro

SANTIAGO

El poeta, cuya obra fue obsequio de la ciudad a personajes importantes, abandonó la carrera jurídica porque llevaba el sello franquista y luchó por europeizar Santiago

21 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Cuando a Salvador García-Bodaño le comunicaron que se había llevado los dos primeros premios del certamen universitario Festas Minervais (1958) vio la certificación de que la poesía y la literatura eran lo suyo. Su generación «minerval» marcó historia y su obra trepó a las cumbres poéticas de Galicia. Tempo de Compostela , además de un «ochomil» gallego, representa un símbolo de Santiago. No en vano el poemario de García-Bodaño, bajo el título Compostela y con grabados de Alfonso Costa, viajó en edición de lujo a las estanterías del Papa, del presidente de Francia y del rey Juan Carlos, entre otras personalidades.

La madre del poeta se fue a Vigo a parir a Salvador, que estuvo a punto de nacer madrileño. A los pocos meses era ya mecido en una cuna de la rúa Calderería, 50, reanudando la raigambre compostelana de su familia. La voz de su maestra Rosario Revestido, en Fonseca, y los juegos tradicionales de su adolescencia en Mazarelos perviven nítidos en su vasta memoria. Luego se hizo procurador de tribunales. Pero la andadura jurídica le duró poco: «Deixeina porque levaba o selo da dictadura».

Y optó por el comercio. Su tienda de regalos en la rúa Nova exhibía un toque personal y moderno, de calidad y con una faceta expositiva novedosa. Por eso no le agradan muchas cosas que ve hoy. Al lado de establecimientos con categoría y gusto (sobre todo los cafés) «hai aspectos comerciais cunha imaxe pouco desexable».

En la oscura Compostela de los 50, Salvador empezó a ver el tremendo contraste de Galicia con Europa y la necesidad de revalorizar y europeizar lo propio. «Xurdiu aí un sentemento nacionalista e de interés pola fala e o idioma. Empezamos a tomar conciencia de que Galicia existía». Dos hombres, entre la pléyade de amigos galleguistas, fueron claves en esa andadura: Carlos Maside y Ramón Piñeiro. «Tiña unha relación moi grande con Piñeiro», evoca. La Agrupación Cultural O Galo, fruto de ese despertar, dejó una estela de entidades similares en toda Galicia: «Foi unha explosión».

Socialmente, aquella Compostela, que se ceñía en la práctica a intramuros, no era la actual. «O Santiago daquela e o de agora, salvando os espazos arquitectónicos que permanecen, son totalmente diferentes. Foi un cambio profundo e para ben».

Por ejemplo, y ya que está próxima la semana santa, Salvador recuerda que en esa época «estaba todo pechado». La ciudad se volvía mortecina, y las pintas remarcaban el rigor mortis: «Os altares e retablos estaban tapados por cortinóns morados. Ese exceso de tenebrismo a algúns hoxe provocaríalles un infarto». Claro está, los bares (excepto el de la estación) descansaban y el poeta practicaba una «penitencia interesada» como costalero para tener derecho a una copa de jerez y unas galletas.

Los domingos y festivos, entre la 1 y las 2 del mediodía, era tradicional el paseo de ida y vuelta entre el Toural y la Ferradura y la gente llegaba a saludarse hasta cuatro veces. Salvador se llevaba a la boca un cigarrillo rubio al cruzarse con chicas y luego lo guardaba en el bolsillo hasta la siguiente ocasión. A veces, caía algún ligue.