El Consorcio, no me lo toquéis

SANTIAGO

En los dos últimos ejercicios el organismo interadministrativo, que nutre la ciudad, ha sido objetivo de los tijeretazos estatales

04 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Lo que Madrid guarda para Compostela en primera instancia ya se conoce, más o menos. En segunda instancia (aprobación definitiva) aun no, pero sí se conoce el panorama, y es distinto al del pasado año. Por entonces, Zapatero tenía por hábito agarrarse a la chaqueta del BNG para asegurar ciertas iniciativas gubernamentales, y a resultas de ello 125 millones llegaron a Galicia y algunos a Compostela. El enganche al BNG supuso, entre otras cosas, incrementar la partida destinada al Consorcio. Este año ese agarre no existe, o eso parece. A la par surgió la figura de José Blanco, nuevo asidero. La crisis parece tener por costumbre apuntar con el dedo a los Consorcios, a los que Madrid no les suele poner la mejor cara. Santiago, Toledo y Cuenca lo han podido comprobar el pasado año, con una reducción a la mitad de los ingresos. Santiago lo sufrió en primera instancia. En la segunda Madrid devolvió a los cajones de Vaamonde lo que le había soplado, es decir, tres millones de euros. El Consorcio, de nuevo con la crisis acechando en las sombras, volvió a ser el centro de desatención del Gobierno, que le pegó un tijeretazo de un 25%. Ruegos e imploraciones pusieron las cosas en un 15%, cerca de la asignación de este año. Ese «cerca» es el problema, la grieta por la que empieza a escurrirse paulatinamente el dinero de las administraciones dadoras. Es una vía de agua que conviene tapar enseguida. A no ser que la tapone ya esa posible segunda partida que anunció el alcalde de 1,8 millones. Sería magnífico, aunque el mismo Bugallo no se hace demasiadas ilusiones. El Santiago moderno descansa sobre el Consorcio. Los proyectos son puntuales, pero el organismo interadministrativo es permanente. Las ciudades, más que a golpes de erario, se construyen mejor con un flujo económico estable y nada despreciable. Raxoi piensa así. Esta Compostela con rasgos europeos ha aprovechado bien esa fuente que mana con el patrocinio real. La garantía del Rey parece el adecuado salvoconducto contra los intentos de desinflar el Consorcio. Clamaba desesperadamente el pentacampeón ciclista Bernard Hinault hace unos años cuando la ronda gala veía erosionarse terriblemente su prestigio por culpa de las redadas del dóping: «¡El Tour no me lo toquéis, por favor!». Es la sentencia que aspira a inculcarle Compostela a las administraciones que tienen la obligación de velar por uno de los tres centros de peregrinación más importantes de la humanidad, que está a punto de abrir el telón Xacobeo. ¿Que quieren Madrid y la Xunta que se esconda detrás de este telón? Hay quien dice que Expo, olimpiadas y año santo poseen el mismo rasero. Pues claro que no. Por lo demás, llama la atención la diferencia de enfoques que puede suscitar un mismo proyecto, muy maleable por lo que se ve. El PP tilda de fracaso la oferta de Madrid, al BNG le produce decepción y el PSOE la ensalza como un logro histórico. Entre padecer la urticaria y ver el alma embargada de emoción hay escalones intermedios. Y una apelación a la esperanza que, según Raxoi, representa que Blanco se siente en la mesa del Consejo de Ministros. Lavacolla emite un claro fulgor en el legajo de los números. Es la gran estrella de las cuentas, y nadie lo discute. Sí atrae las disputas el aislamiento de la instalación y el plazo, porque el 2011 solo invita a soñar, pero no a dormir tranquilo. Y la depuradora de aguas residuales tiene el motor gripado y no pocos creen que en los presupuestos se ha hecho figurar el 2013 como año de remate porque es obligado poner una última anualidad en vez de puntos suspensivos. Ahí tiene razón alguno de los grupos detractores: otras ciudades le están comiendo las papas a Santiago. El túnel de Conxo, como todo túnel, va escondido. No aparece en los presupuestos, aunque Fomento lo ocultó bajo la superficie de una cifra generalista, según le dijo al alcalde.