El Consorcio cae por el tobogán

SANTIAGO

La Xunta le resta importancia a este organismo a las puertas del año santo y deja su futuro en manos de las enmiendas

25 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Cuando uno clamaba en un coro amplio (en el que figuraba el PP local) contra el criterio de Madrid de rebajar la asignación al Consorcio de Santiago, llega la Xunta y, queriendo emular y superar a su rival, la reduce aún más. Pero mientras que la Administración central encierra en el fardel alguna medida compensatoria, el Ejecutivo gallego aplica un tijeretazo sin ninguna sombra de duda. En Raxoi hay alguna esperanza de que se enderece el entuerto, y habrá que dar ese margen hasta la votación definitiva, pero las cuentas provisionales contribuyen a estrangular el organismo interadministrativo. Al final va a resultar que destila más sensibilidad la lejana capital española que la cercana gallega.

Es grave la rebaja porque consolida un camino descendente que podría derivar en testimonial, tal vez por el color de la piel política de Santiago y por la cuestionable ausencia del PP local en el Consorcio. Fue difícil asumir el bajón experimentado por Madrid y, a trancas y barrancas, se logró estancar la cuantía central. La Xunta se mantuvo en su sitio y no varió su aportación. La nueva Xunta disminuye nada menos que en dos millones la partida del Consorcio, demostrando su fe en esta Compostela a las puertas del año santo. No cabe decir que esos millones van enganchados al Xacobeo como furgón de cola para teloneros prestigiosos.

Y es seria la medida de la Xunta también por el cuño de las aportaciones de cada Administración al Consorcio. La financiación de Madrid y de Raxoi se refleja en programas culturales, obras y actividades diversas. La financiación de la Xunta se traduce en obras. Habrá que emplazar los stocks de losas en Zocodover, junto al Tajo.

Los presupuestos autonómicos han arrojado luces y sombras para Compostela. Lo esencial en materia viaria e industrial está reflejado en los papeles, y se incorporan novedades de empaque como un accceso desde el centro al Gaiás, un albergue y, sobre todo, un metro ligero. No obstante, el principio económico para este último es más bien modesto. Y ese es el peligro, que el luminoso neón de las infraestructuras deslumbre y no deje ver el largo de la vía.

Hay varios proyectos que aparecen en los presupuestos con partidas de 50.000 euros (para los primeros papeles, lo habitual), como por ejemplo el corredor Santiago-Costa da Morte, la conexión de la AP-9 con la Cidade da Cultura o el cinturón oeste, que más que una cuantía de financiación parece un sello que franquea la entrada de esas iniciativas en los presupuestos. Cincuenta mil euros aunque en letra tengan más grosor, es una cifra minúscula, pero el problema es que en la siguiente anualidad las cantidades siguen siendo poco significativas, como desplazando el compromiso hacia el futuro.

Lo que aguarda la ciudadanía es que no falle la luminotecnia (por culpa del ordenador económico, como en la noche del 24 de julio) y las partidas se pierdan en el camino. O no encuentren la salida del camino, como ocurre con una serie de iniciativas estatales. El metro es vital para que, entre otras aportaciones, el aeropuerto de Lavacolla alcance de una vez la mayoría de edad. Y además ya tiene el carril urbanístico abierto, puesto que el PXOM le ha reservado espacio. A estas alturas hablar de incomunicación con la Costa da Morte suena como una tecla desafinada. Y el periférico oeste suena a eso, a western, porque de esos tiempos parece provenir la idea de completar el anillo circunvalatorio.

Todavía no se puede ver reflejada en los presupuestos la estación del AVE, en donde la Xunta tiene su parte. Figurará en los siguientes ejercicios. La reunión celebrada en Madrid, que Mercedes Rosón tachó de fructífera y aclaratoria, enderezó con unos cuantos trazos nuevos la situación y la anhelada firma podría estamparse en los próximos días. Alguien se había adelantado a los acontecimientos cuando la Xunta refunfuñaba con la indefinición de la propuesta.