El acuerdo se acerca a la estación

SANTIAGO

Tras una dialéctica interminable, con varios intentos de firma frustrados, la Xunta converge al fin con las demás partes

01 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

¿Qué pasaría el día 3 de noviembre? Una casa de apuestas inglesa haría negocio con la incógnita sobre el el convenio de la estación del AVE. Venía José Blanco con serias intenciones de estampar su firma, pero ¿Y la Xunta? El alcalde le envió una carta al conselleiro Agustín Hernández animándole a realizar ese esfuerzo, una misiva en la que un grafólogo advertiría rápidamente rasgos pesimistas en los caracteres de Sánchez Bugallo. Y es que se trata de la enésima cita que escribió en su agenda con ese mismo objetivo.

Pues esta vez parece que es la vencida. Muy mal se tienen que dar las cosas para que un acuerdo, ahora anunciado por todas las partes, no se vaya a ratificar en el papel. La fecha del próximo día 3 atiende a la venida del ministro, pero también se había puesto a ojo de buen cubero. Es decir, cuando se frustró la anterior convocatoria y se celebró la reunión de Madrid sobre la estación, los participantes acordaron un aplazamiento de quince días para plasmar documentalmente el acuerdo, y ese plazo coincide más o menos con el día 3.

A la vista de los dimes y diretes, de las réplicas y contrarréplicas y de los dardos con curare que a menudo volaron entre la Xunta y el Concello uno tenía la sensación de que había que pasar unas cuantas hojas del calendario para un nuevo intento de acuerdo. Casi todo el mundo identificaba al paciente Job en este arduo proceso, pero la Xunta también se atribuía ese papel. No veía llegado el momento de que recogiesen sus puntualizaciones. Alguien de Raxoi le ha sugerido a este redactor, tras un encuentro informativo, que por algún motivo la Xunta no quería que llegase ese momento, ni aquí ni en las demás ciudades. Más por ventajas políticas que por cuestiones de edificabilidad o pelotazos ocultos. La Xunta, por contra, insistía en el agarre urbanístico de la operación y en unas garantías que ahora parece disfrutar, implícitas en unas cautelas agregadas al procedimiento.

Hace al menos dos semanas Agustín Hernández le comentaba a este redactor con no poco énfasis argumental que la propuesta adolecía de los necesarios anclajes y que con media docena de papeles escasamente explícitos no se iba a ningún lado. Días después se produjo la reunión de Madrid y tres administraciones salieron entonando el tedeum . La otra resulta que no. Las amarras seguían flojas, al parecer. Y se reanudó el lanzamiento de dardos envenenados, a la vez que la Xunta le aplicaba el típex a los usos lucrativos del anexo del convenio.

Ese lucro no está medido ni avalado por cifras y eso provocó recelos. Y no solo desconfiaba el grupo popular, aunque sí lo hizo con una visión de pelotazo que no tenían otros, máxime tras la reformulación de aquel documento inicial del Adif que Raxoi desechó por inadmisible porque, entre otras cosas, creaba un nuevo El Corte Inglés dentro del propio edificio del AVE. Santiago no es Vigo. La Xunta tampoco quiere ahora, por lo que se ve, hacer causa belli de ese asunto y ha incorporado una terminología atemperante en el texto final. Al fondo, y mientras las máquinas maniobran ya en O Castiñeiriño, se divisa un proyecto trascendente en el Hórreo y los primeros trenes veloces asoman en las cadenas de montaje.

Pese a todo, uno teme que los plazos ya se hayan salido de los raíles. El mismo conselleiro de Política Territorial dejó bien claro esta semana que el tren de alta velocidad se detendrá ante los morros de la vieja estación. En el 2015, se supone, con toda la catenaria brillando.

Lo cierto es que se está hablando aun del convenio, y no de la remoción del PXOM, porque hubo unos comicios autonómicos por medio justo cuando la Xunta se disponía a empuñar la estilográfica. Mar Chao, directora xeral de Transportes, le había comunicado por mail al alcalde la aceptación del convenio. El consuelo para Bugallo es que conserva ese correo como un bonito recuerdo, junto a las estampas de la primera comunión.