Parque comarcal: viaje de vuelta

SANTIAGO

El servicio de los bomberos vuelve a sus orígenes, pero habrá de salvar para ello la lista reivindicativa de los trabajadores

08 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«O Concello non fai nin deixa facer», soltó una persona en un local de Santiago del Estero. Se refería al parque de bomberos. Aunque los demás asintieron, el comentario no responde a la realidad. El Concello no puede hacer. Sabemos cómo empezó y cómo se encuentra el edificio que acogerá el parque de bomberos y la policía municipal. No sabemos cómo acabará ni qué apellido tendrá esa estructura hormigonada de Salgueriños, que ya se ha convertido en punto de referencia, como tal, en el barrio. El convenio de las Administraciones firmado en el 2001 ha sido el punto de partida de un proceso que salpicó polémicas por todos los lados y ha dejado un cadáver arquitectónico que hay que resucitar. Y no está en San Lázaro.

La Xunta de Touriño se marchó con el compromiso verbal, y no formal, de financiar el edificio del parque de bomberos. Y ya se sabe qué frágiles son los compromisos verbales. Son buenas despedidas que suelen acarrear malas bienvenidas. La estación intermodal llegó de Madrid, la bendijo la Xunta verbalmente y se fue al dique seco.

El parque de extinción comarcal de Salgueiriños fue bautizado, pero no ha recibido la confirmación. Y la Administración autónoma está dispuesta a impartirla, siempre y cuando quede jurídicamente despejado el camino. Es decir, hay una ley y una sentencia por medio que rezan que los trabajadores también cuentan en el cambio de la demarcación que ahora atienden, y son ellos los que tendrán la palabra. Y las Administraciones la suya.

El objetivo es sencillamente estirar el parque municipal lo suficiente para convertirlo en comarcal. Así fue concebido y las duplicidades no cuadran en el programa austero que lanzó el Ejecutivo de Feijoo. En el fondo, nadie está en desacuerdo con este argumento, pero sí con las picas que hay que poner para conseguir ese logro. A la memoria común vuelven las imágenes del duro enfrentamiento entre la plantilla municipal y el Concello, hasta que las cosas se le pusieron más a mano a los bomberos. Raxoi, aquejado de migrañas, no vio con mala cara que Ames acogiera el servicio.

La comarcalización conlleva un coste y el Concello quiere un reparto de sacrificios que no le resulte oneroso. Y si las arcas no lo permiten, habrá de contentarse con un parque propio y aparentemente menos problemático. Eso sí, la Xunta solo aporta dinero para el compromiso comarcal. Quiere ello decir que el Concello tendrá que darle unas cuantas paladas más al edificio de Salgueiriños, las suficientes para municipalizarlo con el mínimo decoro, si quiere el parque hogareño. La Diputación podría salvarle una parte de los muebles. Y hay que recordar que la policía municipal aspira a asentarse en esa finca.

El volcánico conflicto ha situado a un tercero en la discordia (mejor dicho, a un cuarto): el municipio de Ames. No era fea la maqueta virtual del inmueble que iba a acoger el servicio de extinción comarcal, cerca de la rúa do Porto. Una iniciativa que se esfumará con la solución compostelana. Pero la parcela ya pasó a manos de la Xunta.

Carlos Fernández puede ir ideando otra imagen virtual para ese solar de casi 5.000 metros cuadrados. Hai una miríada de alternativas. Pero está claro, a la vista de sus declaraciones, que con el terreno no le van a devolver la ilusión de la centralidad comarcal que iba a asumir el municipio en esos 5.000 metros. No observa formalidad en la apuesta de la Xunta por Compostela, como tampoco la observó el regidor de Oroso cuando vio desaparecer como por ensalmo el servicio de emergencias del 112. Ya está empaquetado y encintado con dirección a A Estrada.

Uno escribe estas líneas con el embrionario inmueble de los bomberos enfrente, recortando el horizonte, y la torre del muecín desierta. Está tan habituado a ese oxidado ente que teme llegar un día a su mesa y contemplar el cielo limpio y la rúa de Melide sin estorbos.