El acontecimiento gastronómico se consagró y el mercado de reses halló buena acogida en Silleda y desató un viejo dilema
28 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El Fórum Gastronómico ha cerrado sus puertas tras casi una semana brillante en la que Compostela se ha convertido en la capital gastronómica del mundo. En ella se ha dado cita la flor y nada de la cocina mundial y muchos ciudadanos han tenido la oportunidad de desplegar su sentido del gusto en infinidad de viandas con el lustre de buenos los fogones y el aval de los mejores expertos.
«Foi un éxito total», le espetó a este redactor Nacho Mirás, que durante estos días se sumergió en el Fórum, lo narró para los lectores e incluso paladeó en una noche veinte platos a ciegas, en el papel de El Zorro catador, a lo largo de tres horas. Su conclusión: «Teñen que seguir celebrándose edicións en Santiago. Estas son as cousas que hai que traer». Y van a seguir celebrándose. Dentro de dos años el Fórum volverá a Compostela.
La pléyade de ponentes y especialistas de renombre, la nutrida presencia de informadores de distintos países que han visionado las múltiples experiencias culinarias del Atlántico, la alta calidad del certamen y el gran hormiguero humano bullendo por los pasillos del Fórum (a Amio han subido 17.000 personas) atestiguaron la capitalidad gastronómica de Santiago.
Aunque buena parte del mérito hay que adjudicárselo a los directores catalanes y al departamento de Xosé Manuel Iglesias, hay un factor que contribuyó a laurear el acontecimiento: la colaboración de la Xunta y de las otras Administraciones, instituciones y empresas privadas. Fue clave y modélico. Un microcosmos que refleja lo que podría ocurrir en escenarios mayores vaciando la misma redoma.
El recinto de la anterior edición del Fórum fue el Pazo de Congresos. Tuvo que desplazarse a las naves de Amio para poder extender su geografía expositora. Y ahí renace el contraste, el eterno contraste, de poner a prueba el placer de los sentidos cuando aún se está difuminando el desplacer del olor a boñiga. La lejía tiene que poner tierra por medio para borrar las huellas de 1.900 reses y ofertar el recinto al altar enogastronómico.
La liturgia de los certámenes que tienen cabida en un pabellón temático choca frontalmente con la estampa de las transacciones vacunas. El artículo expuesto, los epítetos y los residuos son muy diferentes y vocacionalmente tampoco se avienen las actividades. Pero el príncipe de los males es la centralidad de la feria ganadera, el miércoles, que chafa la conjunción de las fechas expositivas. Y genera discordias. El resultado, hace dos años, es bien conocido, con los tratantes recorriendo con pancartas las rúas. En esta ocasión, Andrés Fariña lidió bien el astado y logró desplazar la feria a Silleda, a donde llegó toda la artillería pesada de Amio para lograr el récord de cabezas de vacuno en las naves de la Semana Verde. Los ganaderos regresaron felices.
Buen precedente, dicen los partidarios de que la feria recale definitivamente en la villa pontevedresa. La experiencia no ha pasado desapercibida en el alto despacho compostelano, donde siempre se ha visto con buenos ojos el destino dezano de las vacas. No ocurre lo mismo con los socios de gobierno y la oposición, lo que conduce a concluir que el precedente de este miércoles en Silleda se quedará en eso, en precedente.
No lo ve con ese prisma el alcalde de Lalín, extasiado con el mayor concierto de mugidos en los apriscos del Deza. Crespo se ha apresurado a lanzar una instancia pública para la consagración del pabellón de la Semana Verde como sede ferial, y está convencido de que será acuñada con el correspondiente plácet en Compostela. Habrá de consolarse con nuevos miércoles de rebote, siempre con el difícil permiso de los ganaderos, que dicen tener sus cabezas sentadas ya en Santiago.
Lo único cierto es que la vieja sinfonía del mercado de ganados seguirá sonando mucho tiempo, y que Raxoi debe afinar bien su calendario anual para encajar sus certámenes feriales sin que se sulfure el gremio ganadero.