Laureles para el Consorcio

SANTIAGO

El organismo mantiene su vigor, pese a la merma del 2010, y se espera que por fin tenga presencia en el plan de la Catedral

21 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Las instituciones de Santiago arroparon al miércoles al Consorcio en la ceremonia de entrega de la Medalla de Ouro a cargo de la Universidade. Fue la institución estudiantil la que premió el denuedo del organismo interadministrativo en su colaboración con el campus, pero pudo ser alguna otra entidad ciudadana la que colgara la medalla del cuello de Sánchez Bugallo en su calidad de presidente del Consorcio. Pocos vislumbraban, tras el nacimiento del Real Patronato, que de su seno brotase un órgano ejecutivo que iba a remudar la faz de Compostela.

Realmente ha sido así. Las administraciones que configuran la entidad se han portado dignamente a lo largo de casi dos décadas, con altibajos. El rey Juan Carlos, Felipe González, Manuel Fraga y Xerardo Estévez cimentaron esta institución modelo, que el Rey Juan Carlos, José Luis Zapatero, Núñez Feijoo y Xosé Sánchez Bugallo tiene ahora entre manos. Estos cuatro señores estarán, presumiblemente (si no es así es que algún compromiso hace aguas), el día 24 en la junta del Real Patronato en Santiago.

Es una reunión tardía, según la tradición, porque todas precedieron al respectivo año santo, pero llega a tiempo para ratificar el presente y el futuro de la institución interadministrativa. De ella no manan los recursos de antaño, pero su papel modélico en la conservación y potenciación de Compostela sigue vigente. Lo cual no es obstáculo para que cada otoño las autoridades locales aguarden con la lengua fuera las cifras de Madrid y San Caetano, esperando que no se aminoren y que el Consorcio mantenga el tipo. Por los últimos presupuestos parece que la intención de ambas administraciones es conducir poco a poco al Consorcio hacia Liliput, y lo que deben entender es que la ciudad no está en ese mapa.

Si no se entiende, la Catedral de Santiago, por ejemplo, puede entrar fácilmente en el próximo siglo con la trigésima fase taifal del plan director y con la enésima liorta sobre los andamios. Hombre, todo el mundo sabe que la basílica no va a caerse, o que tardará en hacerlo, lo que por otra parte sería una eficaz manera de centrar la máxima atención universal sobre el Xacobeo -más que la visita del Papa- si se desplomase en un año santo. En el derradeiro.

Raxoi quiere que en la agenda de julio del Real Patronato figure la rehabilitación plurianual de la basílica, lo que sería hacerle justicia al monumento español que numerosos europeos llevan en su bolsillo, aunque no funcione en muchas máquinas de café. Para ello es necesario, previamente, que Sánchez Bugallo y González Sinde se gusten, políticamente hablando, ya que ese idilio conduciría asimismo al templo compostelano al Plan Nacional de Catedrales.

«Pero si ya está en el Plan de Catedrales», le dice a este redactor una integrante del Ministerio de Cultura. Es cierto, pero un pequeño cacho de la basílica, no todas las piezas del plan director secuenciadas año a año, con su imperdible económico. Nadie cuestiona que la Catedral de Santiago merece el máximo respaldo de las instituciones, como uno de los principales elementos del patrimonio mundial, y lo increíble es que estuviese hasta ahora huérfana de un respaldo firme y concluyente. «Es que no había plan director», rearguye la cantinela. Pues ya lo hay. Sinde tiene la palabra. Y Roberto Varela la suya en la finca autonómica.

La distinción al Consorcio ha sido por una vida de compromiso con la Universidade y con la ciudad, dijo el rector Senén Barro. Esa vida sigue y en el pazo de Vaamonde, con el chef Villanueva, se continúan cociendo diferentes iniciativas avaladas por las tres administraciones. La olla está algo menos llena, pero muchos quieren creer que la merma del compromiso administrativo en el 2010 obedece solo al cuadro clínico de la economía. Además, se da por sentado que el Rey apuesta por el gran proyecto de Santiago. Y si lo dice el Rey...