El Araguaney llega al cuarto de siglo, evocando su fundador, Ghaleb Jaber, los antojos de Prince y la seguridad de Fidel que le impedía entrar en su hotel
31 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Se puede decir, parafraseando a Miguel Hernández, que el joven estudiante de medicina Ghaleb Jaber Ibrahim llegó, con 18 años, a Compostela como con tres heridas: la de la muerte, que especialmente en aquellos inicios de 1970 ensangrentaba su patria palestina; la de la vida, que a todo exiliado de su país le espera en tierra y cultura ajenas; y la del amor, por la familia y los seres queridos dejados en la madre tierra. Se puede decir también, casi medio siglo después, que las tres heridas germinaron en una nueva rama familiar, con cinco hijos y un nieto en ciernes, simbolizada por un árbol de origen árabe-venezolano, el Araguaney, icono además de su quehacer como empresario y signo de la vida social y política compostelana y gallega de los últimos años.
Estos días el Hotel Araguaney, inaugurado por Ghaleb Jaber Ibrahim un 29 de marzo de 1985, cumple un cuarto de siglo. Licenciado ya en Medicina y casado con Requina Martínez Schnackig, de padre gallego y madre alemana, Ghaleb, curiosamente, no levantó una empresa relacionada con la medicina o la salud sino que se adentró en la hostelería. «Porque -confiesa hoy- soy partidario de la medicina pública. Además, con el sueldo de médico es difícil ayudar a la tropa de hermanos que éramos, catorce, y ahora dieciocho». Por otra parte, mientras estudió medicina, Ghaleb trabajó de ayudante de camarero y cocinero, y la hostelería le gustaba. De hecho, el primer local de hostelería que montó en realidad fue el Salón Rahid, con decoración árabe.
El fundador del Araguaney recuerda cuando de estudiante iba al terreno de la antigua fábrica de gas, «el basurero del Ensanche», sobre el que luego levantaría su hotel, y cómo nada más comprar el terreno -más de 300 millones de pesetas- «un partido intentó expropiarlo» y otro paralizó las obras. Hoy cree que «muchos se encontraban incómodos con la incursión de una persona joven, 28 años tenía, y desconocida».
Contra viento y marea, el Araguaney se convirtió en testigo cómodo de acontecimientos que cambiaron la historia de la ciudad y Galicia, acogiendo sus habitaciones a celebridades como Bruce Springsteen, La Toya Jackson, Adolfo Suárez, Mario Conde o Cela, entre otros. A gente como Prince que quería pintar la habitación de negro. «Era un caprichito. Le dimos una habitación que era ya negra y se conformó», recuerda Ghaleb. A personajes como Fidel Castro con su enorme seguridad. El fundador del Araguaney evoca hoy cómo «los de seguridad del Comandante no me querían dejan entrar ni a mí. Les tuve que explicar que estaba en mi hotel». «En el Araguaney hay un libro de oro con mucha gente -confiesa Ghaleb-, y como todo libro de oro ya pierdes la cuenta de los personajes».