Ir contando las cabelleras

SANTIAGO

Aún hay dos candidatos por confirmar para las municipales, pero algunos partidos han comenzado ya la batalla de los logros

25 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Van allá 31 corporaciones democráticas ascendiendo las escaleras de Raxoi y la madurez se ha instalado en la vida municipal. Queda cada vez más lejos aquel municipio destartalado, revestido capitalino sin los ropajes adecuados y sin los más mínimos servicios. Y con un arraigo democrático que hace reírse a mandíbula batiente a quienes miran al reciente pasado. Lo estuvo comentando el alcalde en la jornada de puertas abiertas que se celebró el martes 20.

Hasta 1812 había casi los mismos ediles que ahora, veintidós. Y mandaban los que hoy siguen en el edificio de enfrente, los eclesiásticos. Diecisiete de los 22 ediles eran designados por el arzobispo y los cinco restantes compartían escaño con ellos por designación real. Obviamente, con esa inmensa mayoría de sotanillas el alcalde no podía venir más que del dedo arzobispal. Eso sí, la corporación le ponía sobre la mesa doce nombres para que eligiese al regidor. Tendría más opciones entonces Conde Roa que Sánchez Bugallo o Socorro García, por razones obvias de credo.

Por suerte, hoy el arzobispo elige a su curia, bastante tiene con ello, y deja la casa de enfrente a los ciudadanos, que dentro de un año habrán de dirimir entre Sánchez Bugallo y otros dos que pueden ser los actuales portavoces. En principio hay que pensar que Gerardo Conde y Socorro García serán los candidatos. Conde Roa, si los condicionantes personales no intervienen, está en la agenda del PP. Y Socorro García, si las encuestas o los designios no la apartan, luchará por sentarse en el sillón en donde hoy lo hace accidentalmente. Será su oportunidad como candidata, que aún no tuvo, tras recibir el cetro de su predecesor Néstor Rego.

Lo malo es que las dudas corroen y, hablando de Conde Roa, los magnates del PP galaico disertan y bautizan la alcaldía de grandes ciudades con una seguridad que no exhiben en el caso de Santiago. Y eso se palpa en el grupo de Raxoi, aunque el programa no haya variado. «No hay mirlos blancos, y menos a estas alturas del año», le contaba estos días a este redactor un personaje histórico del PP.

Pero si la carrera de los candidatos está pendiente de la confirmación oficial de las organizaciones respectivas, la carrera de los logros y del «yo más que tú» ya ha comenzado. Falta un año y ya es hora de ir contando las cabelleras y familiarizando al personal votante con las obras firmadas por cada uno. El PSOE ha hecho su primera gran comparación de lo que ocurre dentro del municipio y el saldo que sale es muy negativo para la Administración autonómica en su lid con la central. Los populares, por su parte, establecieron su parangón entre el Gobierno autonómico actual y el bipartito, aunque en un plano comarcal. Gana el Ejecutivo de Feijoo en esa mano. El BNG no saltó por ahora a la palestra.

Como si de un sacro acuerdo se tratase, y más vale según los gobernantes de uno y otro signo que no emerja esa mesa de ping pong, el Xacobeo ha quedado aparcado en este juego político. Además, si hay que hablar de un plano infraestructural, el año santo no dejará más secuelas físicas que el Camino mejorado y los albergues.

¿Las administraciones? En materia de infraestructuras dentro del territorio compostelano anda más remisa la autonómica que la central. A la Xunta el saco sin fondo de la Cidade da Cultura le encorva la espalda y su esfuerzo inversor se centra en el parque de A Sionlla, las travesías que le legó el bipartito, el Cegadi, el inevitable CHUS y el Ramón Cabanillas. El patio inversor estatal lo alfombran el aeropuerto, el ferrocarril, el túnel del Hórreo, el saneamiento, las diversas infraestructuras viales en tramitación o a punto de máquina y el Plan E bis.

La Xunta tiene la sutileza de poner por delante el plan de austeridad. Lo que ocurre, como alguien me apuntó estos días, es que la austeridad justifica hacer las cosas con otra medida económica, no eliminarlas de cuajo. Y aquí hay tachones históricos.