Los residuos urbanos protagonizaron también en el final de un mandato el mayor alejamiento entre BNG y PSOE
30 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Todos han respirado tranquilos cuando vieron cómo la porquería acumulada en las calles de la ciudad desaparecía en el seno de los camiones de Tragsa y Urbaser, aunque muchos foráneos que se aventuraron fuera de los lindes del casco viejo o recorrieron los trayectos jacobeos se llevaron la sorpresa de su vida.
Peor lo han tenido los compostelanos, que por enésima vez han tenido que convivir con los hedores, el polietileno y las entrañas de los xurelos asomando por las bolsas. Llamándose Regasa, Tecnec y Urbaser, las huelgas o paros laborales se han dado en todas esas etapas de la concesionaria de Limpeza en momentos delicados.
Para Raxoi se va haciendo costumbre, cada vez que se aproxima un acontecimiento relevante para la ciudad, mirar el barómetro sociolaboral de Urbaser para ver si hay calma chicha. Y a veces da la impresión de que los conflictos no llegarían a la superficie si hubiese más cintura por parte de los contendientes, como ocurrió en los pasados días. Bastó un encuentro de las partes para cerrar un desagradable proceso que uno podía seguir por las ondas radiofónicas en el sur de la península. el riesgo en estos casos es que la imagen provocada puede ser tan biodegradable como las bolsas esparcidas por la ciudad.
Por otro lado, una prolongación del conflicto podría provocar problemas de salubridad en los espacios públicos. Pero también en el interior de Raxoi, en donde podría resentirse la salud del bipartito. La muestra estuvo en esa irrupción del BNG en la palestra pública para airearle las vergüenzas a sus socios, que tampoco se mordieron la lengua. Pronto, sin embargo, se lanzaron ambos grupos a taponar la herida, que se sumará a las cicatrices que se divisan en el cuerpo del bipartito producidas en los últimos meses.
No obstante, lo tranquilizador para el gobierno coaligado es que el conflicto de la basura se terminó, porque de perdurar es presumible, según reflejan algunas fuentes, que el nerviosismo y las presiones de todo tipo terminasen agravando las disensiones en el pabellón de mando y amenazando la paz.
Por lo que uno ha podido constatar, sin necesidad de chinchar al interlocutor, no se ha borrado aún el cabreo del grupo socialista por el pronunciamiento del BNG sobre la huelga. Parece que se les ha dado un golpe bajo muy doloroso. ¿Secuelas? El imperativo legal del pacto obliga a arrinconar el malestar.
No es la primera vez que la basura se interpone como una cuña entre PSOE y BNG, y justamente al final de un mandato, con la candencia de un proceso electoral en las cercanías. El anterior combate fue mucho más peliagudo y acabó con el bipartito en la lona.
Con la legislatura de 1999-2003 extinguiéndose, el BNG redondeaba el proyecto de la planta de compostaje para Compostela. El propio Néstor Rego conducía el proyecto, que tropezó frontalmente con la negativa de sus socios. La coalición pasó por sus momentos más críticos, pero aguantó hasta las elecciones. Los votos del PSOE y PP iban a tumbar la iniciativa nacionalista, que había hinchado los carrillos de un Fraga en plan arcángel blandiendo su espada sobre el gobierno compostelano.
Nada más estrenarse el nuevo mandato, la puntual alianza acabó efectivamente con las aspiraciones del compostaje y colocó la basura de Santiago en las plataformas de Sogama. Durante ese trecho, BNG y PSOE circularon por carriles divergentes, con dialécticas encontradas, y solo llegó el cambio de agujas ya avanzado el mandato. Curiosamente, el reencuentro selló el estrechamiento de las relaciones en la familia desavenida. La basura ha vuelto a indisponerles, pero algún vínculo afectivo debe pesar sobre las grescas. Véase. El alcalde, al aludir a la candidatura aún no resuelta del BNG, dijo que era una decisión interna del Bloque. Pero le recomendó a la organización, como «consello de amigo», que «trate de manter unha continuidade».