El presupuesto vuelve a aprobarse en el ecuador del mandato y con solo cuatro meses para ejecutar las inversiones
04 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Rosa Fernández le ganó a Andrés Fariña el mano a mano en la dilación de los presupuestos municipales. Por unos pocos días. Las cuentas del 2008 obtuvieron el plácet de la Xunta de Goberno el 20 de junio, mientras que las del 2010 lo recibieron el pasado lunes 28. El no va más, quizás con el inconfesable objetivo de romperle las cuerdas vocales a la oposición, que tuvo que desgañitarse más tiempo en sus reprimendas al grupo de gobierno.
Lo ideal es disponer del marco presupuestario que encuadrará las actuaciones de un ejercicio en los días finales del anterior, a fin de empezar a moverse por él tras las campanadas. Es lo ideal. Lo habitual es tenerlo disponible ya bien entrado el año de referencia. Pero una cosa es conceder una pequeña prórroga de uno o dos meses y otra bien distinta superar el ecuador del mandato. Hay segmentos de la vida municipal que se resienten, aunque la inercia plurianual se imponga, la actividad se nutra de los números prorrogados y las máquinas propias o ajenas en las calles ya sean suficientes para muchos ciudadanos.
El gobierno local quiso, en el 2010, demorar la configuración de las partidas hasta ver un panorama económico clarificado que orientase con mayor precisión las cifras presupuestarias de este ejercicio. A priori no parece un mal criterio el de las cuentas claras y el chocolate espeso. Lo único que ocurre es que el engranaje de Raxoi no se detiene mientras los talleres de Facenda componen los dígitos con sus decimales. Y eso sucede además en un año santo de insignes iniciativas y elevado ajetreo, en el cual los ediles desfilarán hacia la sesión plenaria en medio de la afluencia más multitudinaria del año (julio).
Aunque las tijeras han podado bastantes ramas del proyecto presupuestario, infectadas por la crisis, el capítulo inversor no aparece desnutrido. Veinte millones de euros en estos tiempos no suenan mal. Además, el plan E deja un talón de 10 millones esparcidos por el municipio. Y aún colean por ahí, para su disfrute en este año, otros 20 millones bajo el epígrafe de remanentes. Remanentes, no restos, para que nadie se enfade. En una crónica anterior, huyendo instintivamente del lenguaje burocrático, este redactor osó sustituir «remanentes» por «restos» y la filípica del alcalde le pilló sin paraguas: «Non son restos, son remanentes, ¡re-ma-nen-tes!». Lo cierto es que restos casaba mejor con naufragio que remanentes.
En resumidas cuentas (municipales), que entre inversiones, plan estatal y remanentes el Concello dispondrá este año nada menos que de cincuenta millones de euros. Es decir, ocho mil millones de las antiguas pesetas. La envidia del vecino.
Lo malo es que no hay tiempo para alimentar ese cuerpo. Los presupuestos entrarán en vigor, en la práctica, en septiembre. Agosto no es hábil. Eso nos deja un achicado espacio de cuatro meses para engullir la tarta inversora, aunque muchos trámites administrativos suelen consumir ya ese período.
Puesto que Elena Salgado enmendó su candoroso error del acceso al crédito de los municipios, el Concello podrá acudir a las oficinas bancarias para pedir prestados 4,1 millones y cubrir algún agujero económico. Pero el ciudadano no deja de mirar de reojo esa cifra de 64 millones de deuda bancaria que campa por sus respetos en el magma de cifras del área de Facenda, y que anualmente suelta unas emanaciones millonarias en concepto de amortizaciones. Calcula este redactor que en torno a 21.000 euros diarios. Bueno, ya se sabe que más de uno los gasta una noche en el casino.
Hay quien dice que Raxoi tiene unas tragaderas insaciables, sin privarse nunca del postre y el habano, y quien aduce que es obligado alimentar dignamente el bicho buscándose la vida. En lo que todos coinciden es en que toca una dieta moderada, equilibrada y saneadora.