Los autobuses metropolitanos se resisten a rodar tan pronto como sugiere el optimismo exhibido por la Xunta de Galicia
12 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El plan de transportes metropolitano ya es una realidad, aunque por ahora discurre solo por los despachos y aspira a hacerlo por las carreteras que confluyen en la capital gallega. Tras años de tiras, aflojas y experiencias fallidas, se ha dado un paso de gigante con la rúbrica de un convenio por la Xunta y casi una docena de Ayuntamientos. El primer trimestre del 2011 es el plazo que se ha marcado la Consellería de Medio Ambiente para poner a rodar el plan. El plazo que se fijan los empresarios no figura señalado en el calendario.
La culminación de un acontecimiento como el acuerdo metropolitano suele ser una celebración rebosante de optimismo y expresión festiva. La ceremonia de San Caetano no estuvo regada por ningún vino ni adornada con pinchos, y eso ya es sintomático. Ni siquiera un vino joven, liberador de las tensiones de un farragoso proceso e inapreciable en las partidas presupuestarias.
El propio documento fue suscrito a trozos. Los alcaldes pusieron su rúbrica en una serie de hojas y no hubo más tiempo, ya que tuvieron que ir a la sala pública a presentarlo. A la vuelta del acto fue necesario vigilar que los regidores no se marchasen a sus feudos sin firmar el resto del convenio. En el transcurso de la presentación, los medios no pudieron abrir la boca. En fin, nadie se rió a conciencia.
Antiguamente, una ceremonia acompañada de estos signos sería de muy mal agüero. Aunque en el acto de la firma nadie vio a ningún grajo, tampoco vio a Monbus o a Autobuses de Calo en la sala. Y eso sí que es preocupante. Los dueños de estas empresas no pudieron escuchar las palabras teñidas de optimismo navideño de las autoridades de la Xunta: «Hai acordo co sector». Ni con su cara más seráfica Raúl López, presidente de Monbus, comparte esa alegría verbal.
Y eso que los mandatarios autonómicos pusieron en juego uno de los argumentos más convincentes del partido conservador: la niña da Rajoy. Solo que más crecida y en una versión más autóctona y bucólica: la moza de Cacheiras. «Unha moza de Cacheiras que vaia ó Clínico pagará 72 céntimos nun so billete», dijo Alberto Núñez Feijoo. La moza de Cacheiras era una niña de primero de ESO cuando el transporte comarcal empezó a diseñarse en el tapete de las administraciones. Y, según algún regidor, habrá de seguir aguardando. Porque tampoco los Concellos abajo firmantes del plan de transporte metropolitano comparten la fe del carbonero inducida por la Xunta.
Los alcaldes albergan más elementos de juicio que la moza de Cacheiras para saber que el primer trimestre del 2011 es un plazo muy voluntarioso, y muy bonito por lo que se divisa detrás de esa frontera temporal, pero plagado de lagunas. Los regidores y los operadores más potentes de las líneas comarcales explicitaron las razones técnicas, económicas y organizativas que difuminan el plazo autonómico. Todo se queda, por ahora, en un unánime desiderátum.
Cierto es que la Consellería de Medio Ambiente se ha trabajado el documento sin prisas, lo ha puesto en el camino correcto, está más cerca que nunca de ponerle el ramo y le asignará una sustanciosa partida de doce millones de euros. Pero sus antagonistas lo ven algo corto y flácido, desde su prisma, y eso quiere decir que por lo menos hay que apuntalarlo.
Eso sí, los empresarios son conscientes de que el objetivo es el aumento de la clientela. El plan va en su beneficio y eso invita a pensar que tendrá su adecuado reflejo.
Respecto al incremento de usuarios juega un incuestionable papel un elemento crucial que el presidente de Monbus ha puesto en el punto de mira: la implantación del carril bus en los accesos. Es un buen procedimiento para que el transporte público le gane la partida al vehículo privado, al menos en velocidad. Otra cosa es pintarlo en el asfalto.