¿Seguro que es «lo de siempre»?

Xosé M. Cambeiro SANTIAGO/LAVOZ.

SANTIAGO

El PP intenta de nuevo vencer a las encuestas y a la tradición, el PSOE respira más tranquilo y el nuevo BNG empieza la lidia

19 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El bipartito de Santiago parece haber arraigado en Compostela. Al menos eso es lo que indica el barómetro sobre las elecciones locales publicado por este medio. También indica que va a tener que sudar la gota gorda el Partido Popular si quiere distanciarse de los demás grupos lo suficiente para obtener la mayoría de gobierno. No la mayoría sin gobierno, que a esa ya están bastante acostumbrados los conservadores compostelanos. La encuesta de La Voz dicta una nueva victoria moral de los populares por un pequeño puñado de votos, aunque en la práctica es un empate técnico que otorga once escaños a socialistas y populares.

Alguna de las encuestas internas de los partidos coincide prácticamente con la reflejada por Sondaxe. Es el escenario que rige ahora. En la primavera puede que se mueva el casillero y se deshaga, por ejemplo, el empate de PSOE y PP. O que el BNG recupere el edil perdido.

Se sabrá en la antesala de los comicios, pero por el momento el PP recibe un sonoro aldabonazo en la puerta de sus aspiraciones. Son dos los ediles que necesita para reinar en Raxoi, pero gente de la militancia opina que, aunque esa distancia se puede recorrer, los populares empiezan a chocar contra la roca de siempre, situada justo antes del número trece (el que franquea el paso al gobierno local).

En el seno municipal conservador hay la conciencia de que, a estas alturas de curso, pintaba peor el panorama en el 2007. En esta ocasión, el escaño que aumentó en la anterior convocatoria electoral y uno más le vendrían pintiparados a Gerardo Conde para cumplir sus objetivos. Eso tan tópico de poner toda la carne en el asador es el remedio que propugnan los populares.

Enfrente, no obstante, hay un bipartito rocoso, y la remontada no se presenta nada fácil. Curiosamente, y sin bajarse de la preocupación reinante, le pone mejor cara al sondeo el propio grupo popular que la militancia, según pudo apreciar este cronista. Hay aquí voces de resignación, «lo de siempre», con la simple lectura de la encuesta. El peso de la historia que aplana.

El BNG pierde una de las patas del banco y se la cede a sus socios de gobierno. Los nacionalistas viven un período de interregno del que empieza a emerger el rostro de Rubén Cela en un tímido orto que aún no derramó su luminosidad. Una dirección xeral como la que ostentó no unge a un candidato. La popularidad hay que ganarla pateando Santiago, y bien pateado, a la vista del grado de conocimiento del 40% que exhibe Cela. Le ocurre algo similar a su correligionario de A Coruña, Xosé Manuel Carril, a quien el barómetro le viene a decir que por ahora solo le conocen (30%) en su casa y en la bolera del barrio.

El PSOE parece que debe limitarse a mantener la palanca en la misma marcha para continuar cuatro años más en los mismos despachos. No pocas personas tenían la impresión de que el cansancio, tantas veces apuntado por el PP, terminaría por vencer a los socialistas. Pero la consulta dice que la marca Sánchez Bugallo todavía es rentable. La valoración que le otorgan los encuestados así lo atestigua. Y si Bugallo está vivito y coleando, más argumentos convicentes tendrá que acumular la oposición en la balanza.

Muchos compostelanos han puesto el dedo en la llaga señalando en uno de los apartados de la encuesta las obras esparcidas por el municipio. Ahora mismo son malas consejeras, pero una cosa es superar hoy la carrera de obstáculos de Galuresa y otra es circular plácidamente por un túnel sin señales ni incordios. Es como estará el nudo más enredado de la ciudad antes de los comicios locales, si no se despistan las máquinas. Y así estarán las demás obras, en su mayoría planificadas para no marchitar la primavera.

El bipartito, por lo demás, lleva bastante tiempo suave como la seda. Y eso, como ocurre en Pontevedra, concede réditos, sobre todo a los alcaldes.