Medio centenar de familias acogen a estudiantes extranjeros que vienen a estudiar español
13 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.En el chalé de catedráticos número dos del Campus Vida se encuentra la oficina de Cursos Internacionales de la USC. Lanzada Calatayud lleva tres años en esta histórica residencia al frente de un servicio para extranjeros que quieren aprender nuestro idioma y nuestra cultura. Al sentarnos a charlar, la primera pregunta es pura curiosidad: «¿Cuántos extranjeros llegan a Santiago en un año?», y Lanzada sonríe. «Vaya, ahora mismo no podría darte una cifra exacta, espera, que le pregunto a Lola».
Lola, su secretaria, no lo duda ni un momento: «En el 2010 tuvimos aproximadamente 1.500 inscripciones». Y Lanzada explica las características de la oferta educativa. «A lo largo de los años hemos diversificado los programas e intentado ampliar nuestros horizontes. Vienen personas de todas las edades para conocer la cultura española o perfeccionar el idioma, y no únicamente estudiantes universitarios. Del mismo modo, también hay quienes se interesan por la lengua del Camino de Santiago, y ahí hemos contado con personas de hasta 70 años».
Para muestra un botón
A través de las ventanas de su despacho vemos a dos chicos de rasgos asiáticos acercarse al edificio. «¿Qué hay de los estudiantes?». «Recibimos a chicos de muchísimas nacionalidades. Principalmente norteamericanos y británicos, pero cada vez hay más brasileños y japoneses. Es curioso el caso de los que vienen de Brasil. Algunos son descendientes de emigrantes que desean conocer las raíces de su familia».
Lola llama a la puerta. Jennie, coreana, y Aimee, norteamericana, dos chicas de intercambio, han venido para conversar con nosotras. Lanzada les pregunta cómo les ha ido en clase y Lola me advierte: «Entienden perfectamente el español, pero háblales despacio». Las chicas, risueñas, se sientan a uno y otro lado de la mesa. Están estudiando castellano y llevan un mes en Santiago. Ambas viven con familias compostelanas que las han acogido en su casa. Lanzada aprovecha para contar que no todos los estudiantes eligen vivir con una familia. Desde la oficina gestionan igualmente el alojamiento en residencias o pisos. «¿Y cuántas familias participan?». «Son unas setenta, pero solemos contar con cincuenta familias fijas».
Al preguntar a Jennie qué la había traído a Santiago su primera palabra es «destino». Y todas nos interesamos por la razón. Su historia comienza en Sudamérica hace 3 o 4 años. «Tuve la oportunidad de vivir con gente latina y conocí a una persona que venía a España a trabajar para ayudar a su familia. Me llegó al corazón». Jennie quiso saber más sobre la cultura de Sudamérica y pensó que la mejor manera de entenderla era conociendo la española. Ya había realizado dos intercambios con su universidad, la University of British Columbia de Vancouver, en Canadá, y no podía optar a otro mediante esa institución, así que se inscribió por su cuenta. Tras un mes en Santiago, se plantea quedarse a vivir.
Los tiempos compuestos
Aimee vive en Iowa y estudia educación primaria en el Loras College, pero durante cuatro meses compartirá casa con Felisa, su «mamá española» y «una gran cocinera». A Aimee lo que más le gusta de Santiago son los días de sol. «La semana pasada hubo un temporal de nieve en Iowa, ¡qué bien que ya estaba aquí!». Y es que la temperatura es muy diferente. «Allí no tenemos días tan calurosos durante el invierno». ¿Y lo que menos le gusta? «Solamente una cosa: los verbos. Me cuesta mucho utilizar los tiempos compuestos», dice sonriéndose esta norteamericana.
«Es el destino el que me ha traído a Santiago. Quiero quedarme a vivir»
«Cada vez vienen más descendientes de emigrantes a conocer las raíces de su familia»