«Tirar el Castromil fue un error»

concha pino SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Sabe entresijos de la ciudad por experiencia, tradición y documentos

14 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Estudió en el colegio de la Compañía, en el instituto Rosalía de Castro y en el colegio de Emma, el San Pelayo, donde cursó el bachillerato superior. Y de ahí a la Universidad para hacer Filosofía y Letras, «aunque dudé entre esta carrera y la de Derecho, pero claro, en aquella época Derecho me parecía que no tenía futuro para una mujer, y me parecía que no iba con mi carácter la profesión de abogado». Y optó por los archivos, «porque siempre me gustó guardar, ordenar y trabajar al servicio de los demás».

Detrás de esta este perfil está Esperanza Barrera Ramallo, una mujer discreta y de una amabilidad exquisita, que parece abarcarlo todo con sus ojos inquietos. Tras 29 años de trabajo intenso y minucioso en el Archivo Municipal de Santiago se jubila y deja los fayados de Raxoi en los que pasó tantas horas.

Dice que estar al frente de un archivo «es una gran responsabilidad, porque destruir es muy fácil, pero mantener y conservar no lo es tanto. Cuando llegué en 1981 la mayor parte de la documentación estaba en cajas, pero desordenada y necesitada de una limpieza a fondo, en unas habitaciones donde está el Consello da Cultura, por el traslado desde Bonaval. Y al mismo tiempo había que atender los negociados del Ayuntamiento, a los ciudadanos, a los investigadores...»

El crecimiento de la ciudad «no es parejo al espacio del archivo, que ahora tiene un problema de falta de espacio, porque la documentación histórica está depositada en el Archivo Histórico de la Universidad, pero el problema es la moderna, porque los proyectos de obras son inmensos, con memorias en unos cajones impresionantes, y eso ocasiona un caos. Ahora paró el ladrillo, pero claro, en soporte informático sería otro problema, porque los juzgados siguen pidiendo papel».

Los Barrera y los Ramallo

Esperanza es una santiaguesa de las que pasan la prueba del algodón. Pertenece a la saga de los Barrera por línea paterna, «aunque mi abuelo era de Zamora, vino de joven como militar en el cuartel del Hórreo y se instalaron aquí». Y por línea materna es nieta de Manuel Ramallo Gómez, «muy conocido por las actividades que desarrolló en Santiago, era un emprendedor y muy innovador para la época. Montó establecimientos como el Café Español, que estaba en la Rúa do Vilar, «en el que instaló la primera puerta giratoria que hubo en Santiago, que llamó mucho la atención. Los hombres no podían entrar si no llevaban corbata, los camareros iban uniformados y servían en bandejas de plata. Otra innovación fue que consiguió que las mujeres entraran solas en el Español, a tomar el aperitivo y el té por las tardes, aunque iban pocas porque la moralidad de la época lo veía mal». Este abuelo era tan popular «que incluso había dichos sobre él como el de «viajas más que Ramallo» o «comes mejor que Ramallo», porque era muy sibarita.

De Quiki Bar a Castromil

Pero lo que emociona a Esperanza cuando lo cuenta es el otro gran negocio del abuelo Ramallo, el Quiki Bar, un establecimiento de lujo que ocupo el edificio modernista que pasó a la historia como el del Castromil, «pero fue construido por mi abuelo y un socio en los años 1918 o 1919 para café terraza. Lo proyectó González Villar y era impresionante, con restaurante y cafetería de lujo y espectáculos, con un ambiente muy refinado, por lo que estaba limitado a muy poca gente. La carta ofrecía timbal de langosta, suflés y cosas así, muy sofisticadas. Claro, un edificio dedicado enteramente a un negocio de este nivel era quizá excesivo para una ciudad pequeña como Santiago, y por eso lo vendieron a la empresa Castromil. Aún me parece imposible que lo acabaran derribando alegando que como no era de piedra no tenía ningún valor artístico. Tuve que leerlo en los documentos, porque no me lo podía creer. Fue un error descomunal. Yo estaba allí, mirando como tantos compostelanos, cuando le aplicaron la piqueta en 1975».

Esperanza Barrera Ramallo

65 años

Archivera jubilada

Elijo como rincón el Archivo Municipal en Raxoi en las que pasé tantas horas de mi vida y en las que trabajé muy a gusto