El hormiguero humano vuelve a As Cancelas, izando un centro comercial que a punto estuvo de naufragar aspirado por la crisis. Cuando las máquinas se retiraron hace tres años, muchos apostaron por el requiéscat de la operación, que se alzó como una de las más relevantes de los últimos años. Juan Carlos Rodríguez Cebrián, el rostro humano del proyecto, no reparó en medios ni en obstáculos ni en las lágrimas de un sector del comercio que se opuso con uñas y dientes al hipermercado.
Para una iniciativa de este tipo, la marca de Carrefour era el mejor aval, luego rubricado por una pléyade de firmas de primer nivel. Todo esto estaba esparcido sobre la alfombra de 90 millones de euros ya invertidos por los promotores. La valiosa mercancía amenazaba con desaparecer o desplazarse a otros pagos bajo la mirada desesperada de Realia y el soplo echador del comercio.
La mirada de Realia se topó con Carrefour, que inspiró el negocio de Nasozena (participada por Realia en un 75% y por Cebrián al 25%). Y voló más allá de Carrefour, a su propio patrimonio. Pero antes se tropezó con los bancos, que huyeron como almas que lleva el diablo. Ahora, con Carrefour de la mano, prestarán oídos.
Tan en mente tenía Realia su obra de Santiago, sobre otras, y tan acuciante era la falta de fondos para mantenerla y evitar que se esfumasen las firmas comprometidas, que puso precio a sus activos. Y, particularmente, a su ojito derecho: el edificio de oficinas en la avenida Diagonal de Barcelona, el Deka. Por él obtuvo 145 millones de euros.
Aportó liquidez suficiente como para centrar sus esfuerzos en operaciones como la de As Cancelas, con Carrefour en amor y compañía. Las dos entidades culminaron unas largas negociaciones y, curiosamente, sus dos responsables constataron de pronto que la alianza coincidía con sus objetivos sinérgicos y su estrategia empresarial.
Tirón
De este interés por Santiago, cabe inferir que la ciudad tira y atrae. O a muchos les gustaría inferirlo. As Cancelas triunfa virtualmente y contagia o transmite buena imagen en una época muy dura. Porque hay otras actuaciones de Realia, sobre todo en el marco de su negocio patrimonial, en las que ha mostrado menos ánimo inversor. O han quedado para el recuerdo.
Aunque sigue patente la disconformidad de varios segmentos del pequeño y mediano comercio, que se ven aplastados por la sombra del poderoso enemigo, lo cierto es que el centro comercial de As Cancelas es ahora mismo, entre los nacientes, uno de los más sobresalientes de España.
El proyecto comercial de As Cancelas ya está enraizado, pero pudo ocurrir lo de Denia y el comercio opositor lo agradecería, porque le arrancaría los miedos de cuajo. En Denia, Realia ideó la construcción de otro soberano centro comercial, una operación tan jugosa como la de Santiago antes de que las crisis se desperezara en su huronera.
En Denia, no
Socialistas y nacionalistas le otorgaron el visto bueno al proyecto alicantino. A la vuelta de la esquina electoral esperaban los populares, que anularon el acuerdo, envuelto en litigios judiciales. Adiós a Denia. En Compostela, con mayor o menor intensidad, los grupos municipales respaldaron la propuesta de Rodríguez Cebrián.
Controversias a un lado, ver a decenas de trabajadores y equipos de grúas en este espacioso ámbito es como ver fluir la economía por las venas de la ciudad. Y ese dato lo ha metido indudablemente en su faldriquera el gobierno local, que siempre ha venido acentuando el aguante numantino de la economía compostelana en el huracán de la crisis.
Por otra parte, es una entrada menos de la ciudad con mojones de obras paradas, como el que permanece en Salgueiriños.
Property se compostelanizó. Hace un par de años se había españolizado. En el 2009 se creó Carrefour Property España y la «joint venture» de As Cancelas la hizo denominarse Property Santiago. Claro está, es filial al 100% de Property España, que posee 114 activos en la piel de toro. As Cancelas ocupa el compartimento de una cartera de más de veinte proyectos ahora mismo en desarrollo.