D esde que existe la lotería primitiva, la numerología ha vuelto a imponerse entre esas otras muchas supersticiones que ayudan a la gente a conservar la esperanza. Para los escépticos, los números no tienen ningún significado propio, pero a veces hay coincidencias sospechosas que nos hacen dudar de si llega con la razón para explicarlo todo.
Estos días hay un número, el seis, y más concretamente expresado como porcentaje, o sea, el seis por ciento, que se está repitiendo de forma inquietante. Ya tenía su miga, porque los gallegos somos el 6% de los españoles, y con referencia a esa cifra podemos comprobar si conseguimos, si gastamos o si representamos más o menos de lo que nos corresponde en proporción a cuántos somos. Pero esta semana se ha sabido que más o menos el 6% es la cifra de morosidad disparada que ha alcanzado la banca, lo que nos recuerda que los efectos de la crisis aún van para peor. Al mismo tiempo, agentes de seguros de la provincia de Lugo aseguran que un 6% de los atropellos de peatones que se declaran son un montaje, es decir, un modo de obtener ingresos a costa de las aseguradoras denunciando accidentes que no son más que teatro. Probablemente entre este 6% de atropellados hay algunos del otro 6% de morosos; la crisis aguza los ingenios. Esperemos que no se llegue hacer de esto un modo de vida, como aquellos niños callejeros de la impresionante Valparaíso, mi amor, de Aldo Francia, que se tiraban a las ruedas de los coches para conseguir una indemnización de los conductores asustados.
Por último, una encuesta nos indica que solo el 6% de los chinos son felices. Ya ven, tanto crecimiento económico, tanto dinero para invertir, o no, en España, y en esto les damos mil vueltas. Con algunos pufos y unas cuantas trampas, pero felices.
La protagonista de la obra naturalista de Pardo Bazán está inspirada en una sindicalista de la Fábrica de Tabacos