Un gran imperio con muchas subvenciones

La Voz

SANTIAGO

05 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Y ahora, otro sobresalto. Esta vez con la operación bautizada Campeón y que ha llevado hace solo unos días a prisión al empresario más admirado y también galardonado de la capital. A Jorge Dorribo le bastó una decena de años pare levantar un imperio empresarial que le permitió acciones de mecenazgo como el patrocinio de un equipo de ralis que se alzó con el Campeonato del Mundo en una de las categorías; de varios coches que disputan el nacional; de un piloto de motociclismo en el Mundial, de clubes de fútbol, baloncesto, voleibol y fútbol sala. El afán de protagonismo de quien, según la acusación, utilizaba fraudulentamente las subvenciones, no tenía límites. No solo lideraba proyectos empresariales, sino también gran parte de la vida social luguesa. Estos días La Voz muestra documentación gráfica abundante del amplísimo reconocimiento que recibió en los últimos tiempos por parte de la sociedad civil y empresarial lucense. Dorribo gustaba de la opulencia y la ostentación. Se sabía de su debilidad por los coches de lujo y de gran cilindrada, de sus cacerías en África y de sus desplazamientos en helicóptero.

Y la ciudad en la que se cree que nunca pasa nada y siempre pasa algo volvió, otra vez, a hacer de las andanzas de uno de sus más conocidos y respetados ciudadanos único tema de conversación. Y ahí sigue. Intercambiando pareceres sobre esos inesperados episodios que marcan la vida de la ciudad y pensando que allí nunca pasa nada. El ilustre lugués, ensayista y pionero de la medicina psicosomática, Juan Rof Carballo dejó escrito que Lugo es la ciudad perfecta. En su opinión, y entre otras condiciones, por el sosiego, la fortaleza y el recogimiento. Aquí parece como si el tiempo corriese más lento. Pero no es cierto. Lugo, que para una mayoría pasa por ser la ciudad en la que nunca ocurre nada, es la capital en la que siempre pasa algo. Y algo que, periódicamente, no solo remueve la quietud de los capitalinos, sino que llega a hacer retumbar los cimientos de la Muralla. Una muralla romana que, con su título de patrimonio de la humanidad y con la fortaleza y la experiencia que le da el haber sido testigo mudo de más de dos mil años, es la única que sabe que en Lugo siempre pasa algo.