Augura que el próximo curso escolar va a ser «revolto»
11 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Antonio abandonó la dirección del Pío XII y la docencia, pero no la dinámica educativa. «Vou facer programas educativos para os rapaces, porque os mellores son os elaborados por docentes», dice, recién jubilado. A lo largo de su periplo docente desfiló por distintos colegios hasta arribar al Pío XII, que dirigió once años con el mismo equipo. Un centro de referencia, pionero en la jornada única, que ha puesto en marcha un comedor que utilizan 300 niños, un programa de madrugadores y un sinfín de actividades. Y, sobre todo, un centro de gran prestigio. Regos tuvo mucho que ver en ello. «Todo o acadado débollo ós meus compañeiros e á gran colaboración da Anpa», dice con un halo de modestia.
Antonio residió de niño en la Almáciga y revela que era «un traste», todo lo travieso que uno podía ser huyendo de la férrea disciplina de entonces, presta a la férula. «Meus pais eran moi ríxidos», confiesa. Ya mozo, Regos se incrustó en la ventajosa primera promoción del plan del 67 de Magisterio, que a los tres años de curso ofrecía prácticas pagadas y los primeros ingresos directos. Más tarde, fue uno de los que inauguró las aulas del flamante López Ferreiro.
Los métodos pedagógicos avanzaron mucho desde sus primeros pasos de docente, pero aún así hay aspectos que Antonio desea ver inmersos en el sistema: «O fallo dos nenos hoxe é que non teñan unha lectura comprensiva. Tería que haber moita lectura comentada nas clases». Y, aunque hay quien castiga por rayar los textos, Antonio tiene claro que «os libros son para suliñar e escribir neles». Le preocupa la «cantidade de faltas de ortografia que hai na actualidade malia a lectura». Curiosamente, anima a leer tebeos como «unha verdadeira lectura comprensiva e gráfica».
Un curso «revolto»
Mientras este redactor dialogaba con Antonio, varios profesores se afanaban en la elaboración de documentos y programas: «Aí tés o sacrificio que representa a dirección dun centro, traballar aquí en xullo. Durante once anos eu non disfrutei deste mes». Un mes que, apunta Antonio, es de actividad y no vacacional: «En xullo hai que estar a disposición da Inspección para cursos de reciclaxe».
Regos es consciente de que en ciertos sectores existe la impresión de que los profesores gozan de demasiado tiempo libre. Y lo expresa en medio de un panorama revuelto por el incremento del horario docente: «O que máis me molesta disto é que lle fagan ver ós país que só traballamos 21 horas lectivas, cando é falso». Recalca que además de las clases hay un montón de horas más de actividad. Hace cuentas y le salen cerca de 40. «¿A Xunta o fai por aforrar profesores? Pois habelo dito, pero non facernos esta faena». Antonio augura que el próximo curso «vai ser revolto».
Santiago no necesita más colegios. Por el contrario, hay asientos vacíos en casi todos los públicos: «Para o servizo público están os colexios públicos. Son suficientes e non están cheos. Non estou de acordo en que se subvencionen centros privados mentras haxa prazas vacantes nos públicos. En Santiago houbo un momento no que había máis matrícula nos colexios subvencionados que nos públicos». Los únicos centros saturados son el Pío XII y el López Ferreiro.
Durante su endécada como director del Pío XII (curiosamente, le sustituyó un exalumno de su primera promoción como profesor) Antonio ha tenido sus vías de escape para desconectar de sus desvelos docentes. Una afición sobresale por encima de las demás: la pesca: «Para min a forma de evadirme era ir pescar ó mar, con caña, robalizas, sargos, calamares,...». La jubilación le amplía las horas de disfrute. El redactor le robó algunas para este encontro.