El malagueño, que ha obtenido el reconocimiento pasados los 40, trae su amplio abanico musical y sus canciones de desamor al teatro Jofre de Ferrol
02 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El boca a oreja lo ha situado en los escalones previos a la fama masiva. Sus dos discos publicados como Zenet, Los mares de China (2009) y Todas las calles (2010), lo han convertido en el secreto mejor guardado de la canción española reciente. Este malagueño del 67 se lo ha currado desde la base y el reconocimiento le ha llegado pasados los 40. «Hay mucho trabajo detrás. Cuando estás jugando toda la vida a la ruleta, supongo que algún número te tiene que tocar», reflexiona. Hablamos del reconocimiento como cantante, que como actor lo tenía desde que interpretó a su paisano más ilustre en El joven Picasso (1993), la espléndida miniserie de Juan Antonio Bardem. Zenet, que cantó hace unas semanas en A Coruña, actúa mañana en el teatro Jofre de Ferrol, que ya pisó el año pasado. «En la campaña gallega no me esperaba tanta acogida por parte del público, estoy muy contento por eso», arranca.
Les pega a muchos palos Zenet: bolero, bossa, tango, jazz, copla, música cubana, brasileña, francesa... Un admirador, el pintor ferrolano y también músico Eduardo Hermida, me lo define como un «neoclásico». Le gusta esa etiqueta: «La verdad es que encaja bien, porque de alguna manera la música que hacemos es una reinterpretación de los géneros de todo la vida, y la hacemos de una forma, entre comillas, moderna».
En su música no hay fronteras: «Hay gente que tiene los géneros demasiado acotados en la cabeza. Nuestra cultura es así, estamos siempre mezclando referencias de varias culturas, así que por qué no hacerlo en la música. Me parece que el mestizaje requiere cierta valentía». En este sentido, reconoce el papel «pionero» del gallego Víctor Coyote.
Zenet canta temas que suenan a clásico, pero no lo son. Son composiciones contemporáneas con esencia antigua. Así nacen: «Comenzamos a tres, con la letra de Javier Laguna y José Taboada a la guitarra, y, a partir de ahí, dependiendo cómo veamos la letra, dependiendo de la formación que tiene, porque no es lo mismo una sexteta o una cuarteta, seguimos. Por ejemplo, empezar con una ranchera y luego ya asearla cuando es una cuarteta es más fácil. A partir de ahí empezamos a juguetear: ?Pues mira, José, tírate un poquito para Francia?, y así. Es un proceso catártico en el que lo que hacemos, básicamente, es jugar con la música, la letra y la melodía. Y cuando vemos que algo encaja bien vamos fijándolo hasta que le damos forma definitiva a la canción».
Público variado
Dicen que las mejores canciones de amor son de desamor. Zenet así lo cree: «Creo que fue Juan Antonio Bardem el que dijo que la felicidad no tiene tensión dramática ninguna [risas]. Cualquier canción que dice que te lo estás pasando de maravilla, que todo es precioso, puede estar bien, pero yo creo que a todos nos interesa esa tensión dramática, porque pienso que, de alguna forma, todos nos identificamos con eso en algún momento de sufrimiento o preocupación».
Su propuesta, por ecléctica, le ha generado un público de mestizaje generacional. «Hay gente que ha venido con sus padres después del concierto para pedir unas firmas, y les he dicho a los padres: ?Qué bien que traigáis a las nuevas generaciones?. Y me aclaran: ?Es la hija la que nos ha traído a nosotros, y estamos encantados con la sorpresa?».
Sus directos jamás son iguales. Porque improvisa. Porque alarga los temas del disco, si le da por ahí. Y también porque el formato va variando, desde los nueve músicos (cuando la banda está completa) hasta solo dos personas sobre el escenario, Zenet y una guitarra. «Variamos de formatos. El mínimo es el puro dúo de guitarra y voz, que es muy interesante porque permite una intimidad con el público, permite una charla y contarle de dónde vienen las canciones. De ahí hacia arriba: hacemos tríos, cuartetos, quintetos, y así hasta nueve músicos. Me siento más desnudo con la guitarra solo. Es una maravilla poder trabajar con músicos como los que vienen conmigo, escuchar sus solos cuando va la banda completa, pero me divierto en todas las formaciones. Al Jofre vamos con formación de quinteto, muy jazzera».
Si tiene tiempo, aprovechará para empaparse de música celta. «Hace poco estuve viendo a Luar na Lubre en Málaga. Los sigo desde hace muchísimo tiempo. Me gusta mucho la música celta y, durante un tiempo, estuve persiguiéndola. De hecho, fui a un par de ediciones del festival de Ortigueira, donde escuché a muchos clásicos. Tendría yo unos 18 o 19 años, tomé la tienda de campaña y un autobús desde Málaga y me planté en Galicia», recuerda.