Aparenta poco más de 68, pero en realidad tiene 88. Y a esa edad el médico lucense Fernando Pardo sigue atendiendo a dos pacientes cada día en su consulta privada, para disfrutar de la profesión y del trato con sus pacientes pero sin sentirse agobiado por el exceso de trabajo. «Cito a dos cada mañana, de lunes a jueves, porque los viernes ya no trabajo. Yo les puedo curar a ellos, pero ellos también me curan a mí, porque me hacen reflexionar y estar al día. Yo creo que jubilarse y no hacer nada es lo suficiente para morir antes». Especialista en aparato digestivo y endocrinología, el doctor Pardo considera «gravísimo» que la gente mayor pase gran parte del día sentada en el sofá viendo la televisión. «Yo después de trabajar, también leo, escribo y paseo. Y los fines de semana me voy a la costa y navego si puedo». Son sus secretos de la eterna juventud.