Estertor agónico de Raxoi

xosé m. cambeiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

25 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Negro, muy negro lo ha puesto Gerardo Conde. Ha dicho que el Concello de Santiago está «a punto de fenecer». La casi luctuosa noticia contrastaba en la primera plana del periódico con la euforia desatada por el triunfo de le selección española de baloncesto. Agonía y gloria.

Conde Roa nunca ha ahorrado tinta gruesa en sus declaraciones públicas. En el «A fondo» de este medio publicado el 28 de julio ya había dejado esta píldora: «Estamos en quiebra».

Ahora vuelve y lanza un enigma: en qué gastó el dinero el gobierno de Sánchez Bugallo. «No hay manera de llegar al fondo de ese misterio», asegura. Realmente es muy difícil llegar al fondo de las cuentas municipales, pero no porque oculten un misterio, sino porque para un profano es un auténtico engorro bucear en las cifras de los ejercicios anteriores.

Los ciudadanos las han tenido expuestas en su pantalla de ordenador. Lo insondable para los de a pie es no estar dotados de un cerebro de economista para interpretarlas. Y encontrar las ganas de hacerlo, en vez de computar las cifras de muertos de Don Winslow.

No existe arcano, pero sí un escenario económico peliagudo en este marco de crisis como el que le ha quedado a muchos herederos de gobiernos locales y autonómicos. Estamos en plena temporada de vendimia de impuestos y hay que ver lo que deparan los fiscos, como así se denominaban los cestos de nuestros vetustos antepasados. Raxoi se daría con un canto en los dientes si llegasen tan repletos como los de las cosechas de albariño, porque endulzarían el mal sueño de los proveedores.

Es negro, sí, el panorama económico del Ayuntamiento, y desenvolverse en él constituye un serio embarazo para las autoridades locales. En ningún Concello gobiernan las monjitas de María Auxiliadora y muchos mandatarios apuran su política hacendística hasta los extremos económicos legales, máxime si hay unos comicios por el medio.

Oposición

Como la oposición se está prodigando poco, Conde Roa ha decidido asumir también ese papel, cuyas particularidades conoce a la perfección. A estas alturas, ya sabe que él es el regidor y difícilmente volverá a llamarle «señor alcalde» a Bugallo, como

hizo por error hace poco en un acto. De igual forma, sería extraño que estuviese ejerciendo en clave de oposición también por error. Pero, ciertamente, el tono actual de sus discursos desorienta a sus contrincantes.

El puñal dialéctico de Conde Roa sigue mostrando un releje muy bruñido y se clava muy hondo. E impacta. El Concello no va a fenecer con la profunda herida económica abierta, pero deja a todo el mundo alarmado o, como mínimo, desasosegado. En primer lugar, a los funcionarios municipales.

Se ha puesto de moda últimamente la expresión «calmar a los mercados». Muchos pedirían que alguna dosis de ibuprofeno local llegase también a los administrados, que no ganan para sustos.

Toca agudizar el ingenio, como hacía Luis Pasín realizando obras con retales de otras, y los desconocidos pactos de Conde Roa con las empresas para invertir en la ciudad representan una iniciativa que hay que ver plasmada en el ruedo local. Por lo demás, los bolsillos de los contribuyentes empiezan a tintinear. Y de continuar incrementándose las multas a los bebedores del botellón, y a los padres irreflexivos, hasta pueden resultar un pequeño apaño como el impuesto del Patrimonio de Rubalcaba para el Estado.

Sánchez Bugallo le ha sugerido a Conde Roa que, si no desea gestionar este estado de cosas, se lo ceda. Lo cierto es que, de haber recibido otro mandato de cuatro años (como pudo haber ocurrido sin mayor sorpresa) el exalcalde habría de moverse en el mismo escenario que sulfura a su sucesor. ¿Tiró irresponsablemente Bugallo tantas piedras contra su propio tejado?

El departamento de Tráfico ha decidido ponerle coto al guirigay del reparto en el casco viejo, con decenas de camiones cruzándose sobre la piedra. Albino Vázquez quiere consensuar con los colectivos una mejora racional de la distribución. Y es que el jueves resultó damnificada la estatua sin piernas de Cervantes y mañana pueden perder algo propio los caballos de As Praterías si no se actúa.