Un sorbito de champán gallego

? Fernando Salgado

SANTIAGO

? Talleyrand, que era hombre refinado, lo llamó «el vino de la civilización». De hacer caso a Cunqueiro, que era hombre imaginativo, el menciñeiro Silva da Posta lo recomendaba a las recién paridas. Elizabeth Taylor mantenía su cuerpo a dieta de «caviar sin pan y champán sin burbujas» y Los Brincos proponían el espumoso para brindar «por el nuevo amor». Con champán francés o cava catalán se botaron barcos, se sellaron matrimonios y se bautizó cada nuevo año. Algunas veces -pocas- el brindis se hizo con champán gallego.

25 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Una de esas raras ocasiones en las que se impuso la burbuja gallega está documentada. La inauguración de la línea de tranvías entre A Coruña y Sada, un domingo desapacible que ponía fin al año 1922, fue regada con el champán autóctono que elaboraba en Ourense el arquitecto Daniel Vázquez-Gulías. Primero en Oleiros y después en Sada, alcaldes y personalidades brindaron aquel día de persistente lluvia con el Gran Champagne Gulías, presente en el mercado desde principios del año anterior. Probablemente, en la elección del espumoso fue determinante el gusto del presidente de la compañía de tranvías, Pedro Barrié de la Maza, reconocido cliente de la bodega ourensana.

A 12,50 PESETAS LA BOTELLA

Daniel Vázquez-Gulías aprendió el método champenoise en París, instruido por un compañero suyo de L?École de Beaux Arts, que procedía de Épernay, la capital de la Champagne. Y decidió aplicarlo, junto con su hermano Julio, a una selección de las mejores uvas cosechadas en sus viñedos de Razamonde y Ourense. El resultado debió ser excelente, ya que, en palabras de uno de sus nietos, el magistrado Ignacio Parada, «obtuvo una excelente calificación comercial, similar al de los mejores champagnes franceses».

El champán Gulías, cuya botella costaba 12,50 pesetas, se distribuía a muchos de los establecimientos hoteleros y restaurantes más selectos de España. Parada menciona, entre otros, los pedidos del Hotel Palace de Madrid, el Gran Hotel de A Toxa, el Hotel Atlántico de A Coruña -propiedad en aquel entonces de Casares Quiroga- y el Hotel Washington Irwing de Granada. Sin olvidar los restaurantes de las principales ciudades españolas, «la numerosísima lista de clientes particulares» y las exportaciones a Argentina, Cuba y México.

A juicio de un entusiasta sumiller, que se oculta en la prensa local tras el seudónimo de Verísimo del Campo, Gulías consiguió elaborar un vino «de exquisito bouquet, sabor excelente, pureza, transparencia y conjunto aceptabilísimo». Verísimo del Campo propone a los escépticos tenderse sobre la hierba, «oyendo cantar las avecillas de los campos», y apurar un par de botellas del espumoso. «Y ya verás -escribe- cómo apareces convertido, mágicamente, en un ser superior y majestuoso, que, cual príncipe soberano, se pasea por el alcázar de oro de las ilusiones, olvidando por un momento las tristes realidades de la vida». Tal vez hablaba con conocimiento de causa.

CHAMPÁN GALICIA

El Gran Champagne Gulías no era el único cava gallego en los años veinte. Ni siquiera fue el primero que accedió al mercado, aunque sí el más longevo: continuó fabricándose al menos hasta la Guerra Civil. El honor del pionero corresponde a la firma Manuel Costas y Compañía, fundada en 1919. Esa empresa, constata el profesor Ángel I. Fernández, «foi a primeira fabricante galega de viño espumoso baixo a marca Champán Galicia».

La creación del Champán Galicia tiene su origen en la asociación de Bautista López Valeiras y Manuel Costas. El primero de ellos, timonel desde hacía años de la Vinícola Gallega y miembro de una destacada familia de productores y comerciantes de vino y conservas, se ocuparía de la comercialización del vino espumoso. El segundo, un viticultor de A Ramallosa (Nigrán), de su fabricación.

La marca Champán Galicia se anunció profusamente en las publicaciones de la época, pero la empresa fabricante apenas superó un lustro de vida. La sociedad se disolvió en 1925, poco antes del fallecimiento de Manuel Costas.

Hubo otros intentos de plantar cara en Galicia a los espumosos franceses y catalanes. En algún momento, Bodegas Ramos, de Castrelo do Miño, promocionó un «vino achampanado». Y la bodega La Patena, de O Ribeiro, lanzó el Fin de Siglo a finales de los años ochenta. Todo resultó inútil. La burbuja gallega ya se había esfumado.

El Champán Galicia se anunció profusamente en las publicaciones de la época. El reclamo de Bodegas Ramos se publicó en 1958, en El Pueblo Gallego. A la izquierda, retrato del conocido arquitecto Daniel Vázquez-Gulías, promotor del Gran Champagne Gulías | archivo

El Champán Galicia se anunció profusamente en las publicaciones de la época. El reclamo de Bodegas Ramos se publicó en 1958, en El Pueblo Gallego. A la izquierda, retrato del conocido arquitecto Daniel Vázquez-Gulías, promotor del Gran Champagne Gulías | archivo