«Temos o mellor mercado»

xosé m. cambeiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

El impulsor de Ternera Gallega cree que la ganadería es un puntal

03 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

El niño Maximino Viaño venía con su abuela en una burra a Santiago a vender o a hacer compras. El animal se quedaba en el aparcamiento de burras de la praza de Vigo, al que Doña Ignacia sacaba tajada. Maximino nació y siempre vivió en Ames, en el seno de la agricultura. Más tarde se matriculó en la Escola Social y llegaba desde la aldea en una bicicleta alquilada de piñón fijo y sin luz. A la vuelta, de noche, regresaba con un foco de petaca en la boca.

No podía llevar, por ello, una vida de universitario plena en Santiago, aunque a veces iba a tomar los vinos a una tasca de la rúa do Vilar con el policía Moure, «a quen todo o mundo lle tiña medo», pisándole los talones. Luego, Maximino se fue a Toledo a hacer la mili y allí, rodeado de analfabetos totales, aprendió a no fiarse de los tópicos sobre el retraso de Galicia. En calidad de alférez, tenía a su servicio dos asistentes que hablaban bien el gallego: eran de Cáceres.

A la vuelta, junto a su tarea de labranza, se dedicó a hacer partijas tras la visita de la concentración parcelaria, pero abandonó esta actividad porque «había que partir fincas e iso eu non o quería». Y de pronto afloró el espíritu emprendedor que tenía alojado en su cerebro y le convertiría en hombre clave de la ganadería gallega. Junto a seis socios montó en Tapia en 1966 una cooperativa de explotación comunitaria que todavía pervive. Un tal García Calvo venía por allí a ojear la actividad y no tardó en germinar Feiraco, del que Maximino fue primer secretario y gerente.

Tras dejar el puesto «por razones políticas», la asturiana Reny Picot vino a buscarlo. Estando ahí se puso a rumiar, en armonía con las vacas, la idea de algo como ternera gallega. Y salió Ternera Gallega. La onda expansiva llevó la fama de la entidad, con 13.000 inscritos, a los principales escenarios internacionales y a foros relevantes.

Viaño se encontró un día dando un discurso en el Ministerio de Agricultura y otro en el Parlamento Europeo. Y «en todas as revistas» la marca Ternera Gallega era recurrente. «O éxito veu pola importancia de ocupar un espazo no que facía falta unha iniciativa como a nosa», dice Maximino, que impulsó Ternera Gallega ya jubilado. Todas las empresas que alumbró o contribuyó a poner en marcha moran recias y asentadas.

Muy superior

Con tiempo para sus aficiones personales, y octogenario sin aparentarlo, Viaño no se ha desligado ni mucho menos del campo y cada miércoles es un fijo en la mesa de precios de Amio, esa que un día podría amanecer en Silleda: «Extráñame o problema da feira de Santiago. Fun directivo da de Silleda e quérolle moito. Pero en economía teño moi claro que cando unha cousa marcha ben o que aconsella o sentido común é non tocala», comenta. Amio, dice, «non pode resolver un problema de difícil arranxo como o de Silleda».

Tiene claro el significado del mercado compostelano: «A min paréceme que non hai ninguén que lle gañe en España. É moi superior a todos os outros». Las publicaciones tampoco mienten: «Santiago aparece o xoves en todas as revistas especializadas do mundo como referencia en materia de precios. ¿Tí sabes o que vale iso?». Instintivamente, uno responde sí.

El mérito, según Maximino, es que Amio está en un pedestal «sen axudas oficiais do Concello nin de nadie». Entiende que Santiago no debería bajarse del podio porque «a actividade gandeira segue sendo un dos grandes puntais da economía galega». Y una gran ola en la marea exportadora. La ternera gallega cruza masivamente la frontera galaica y la pirenaica: «O que venden Castro de Ribeiras de Lea e Santiago fóra de Galicia suman 80 millóns de euros ó ano».