Los soldados romanos se aterrorizaron al llegar a la ribera del río Limia porque tenían el convencimiento de que, al cruzarlo, perderían instantáneamente la memoria. Quedaron estancados en la orilla. Hoy hay ciudadanos que sienten miedo de que los políticos crucen el Limia del cambio de gobierno con importantes proyectos bajo el brazo, porque temen que se vuelvan amnésicos y no sepan qué hacer con ellos al llegar al otro lado de la cuenca. Piensan que es mejor que esos proyectos no atraviesen las aguas, ya que sería una pena que se perdiesen.
¿Qué pasará con los tramos pendientes de la alta velocidad? ¿Qué sucederá con la estación intermodal del Hórreo? Están emergiendo voces que demandan aparcar las iniciativas y dejar que sea el gobierno entrante el que se ocupe del AVE gallego. Y están surgiendo otras que requieren la adjudicación ya de las obras, puesto que de lo contrario se irán al fondo del Limia.
En un proceso de transición como el que se vive, la prudencia aconseja a menudo que las iniciativas de calado se queden quietecitas en espera de que el nuevo mandatario les dé o les retire su bendición. El futuro presidente soslayó cualquier compromiso con el AVE gallego, y quizás no quiera saber nada de tramos o estaciones. Es decir, la prudencia puede tumbar de forma inmisericorde la nueva terminal del Hórreo.
Una prudencia supuesta y muy relativa en un proceso continuado. En el caso de la estación se han ido dando los pasos administrativos necesarios que tendrían que culminar antes del traspaso de poderes.
Los milites romanos perdieron el miedo a la amnesia cuando su jefe Décimo Junio Bruto atravesó el Limia y les llamó por el nombre desde la otra orilla opuesta. El lucense Luis Tosar asumirá en la ambiciosa película Galaicus el gran reto de ponerle cara a Décimo Junio, pero Mariano Rajoy difícilmente podría ponérsela.
Tiro de cuerda
Conde Roa y Sánchez Bugallo han estado toda la semana enfrascados en el tiro de cuerda, y las tablas las iba a romper el ministro José Blanco, a quien ambos miraban ansiosos para ver si su pulgar subía o bajaba. Pues no lo subió ni lo bajó.
Aplazar de la adjudicación es tanto como arrojar una palada de tierra sobre el gran proyecto del Hórreo, que puede ser interpretado como una zarandaja o una andrómina que distrae la atención de Merkozy.
Por cierto, bella estampa han ofrecido alcalde y exalcalde acompañando juntos al ministro de Fomento en el tren del AVE. José Blanco, en su canto de cisne político, llegó a tiempo de cubrir el trayecto de la alta velocidad entre Ourense, Santiago y A Coruña. En el Hórreo se encontró con unas instalaciones que no se parecen en nada a las anunciadas hace años años por distintos políticos para esta época. Mucha tinta se pudo ahorrar con las bondades de un proyecto que ha anidado en el limbo. Y con tanta fotografía de mandatarios dándose la mano que pueden conformar una bonita colección de imágenes de color sepia progeria si la «estación del siglo XXI» (4 de noviembre del 2009) se queda en un bello sueño.
El viaje férreo A Coruña-Santiago-Ourense fue una ceremonia de ensalzamiento del AVE gallego. A ver qué vibraciones salen de ahí. Lo que es la estación, quedó oculta.
Un detalle final. En Galicia el paso del río Limia por los atemorizados romanos se conmemora allá por Xinzo, a lo grande, con la Festa do Esquecemento. Aunque sea solo por cortesía, no quedaría bien instaurar otra.
El Consorcio también está cruzando la frontera en Madrid y la incógnita sobre su futuro se despejará cuando los hombres de Rajoy empiecen a hablar. Por el momento es hora de que hablen los de Núñez Feijoo, porque los presupuestos echan humo en el apartado que se refiere al organismo administrativo. Tanto el PSOE como el BNG han aportado nuevas cifras en la Cámara parlamentaria para salvar al buque insignia del desarrollo de la ciudad. Sin éxito. El ritmo de rebajas apunta a un área nudista económica en los presupuestos autonómicos que los compostelanos y muchos gallegos no han pedido. Y, claro, Madrid también querrá la suya. Ahí sí hay impudicia, y no en Barra.