«Gústame o modernismo»

xosé m. cambeiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Le parece excesiva la longitud del sambódromo del martes de carnaval

27 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Xosé Manuel nació en Xeneral Pardiñas, porque allí vivía su abuela y el piso era el paritorio de la familia. El bebé pasó a residir en Pitelos. Alcanzada la infancia, Méndez hacía «o clásico dos chavales, andar a pedradas cos de Castrón D´Ouro». Vio como se alzaba el nuevo edificio de Viacambre y como bajaba el de Castromil dejando un gran agujero: «Pareceume fatal esta demolición. En Santiago tiñamos so catro casas modernistas, precisamente do estilo que a min máis me gusta». Pocos ejemplos puede disfrutar Méndez, porque la guerra acabó con el modernismo. Aunque también le agrada el barroco.

Aupándose al presente, el artista compostelano cree que mucha arquitectura actual deja mucho que desear, en especial la que interviene sobre la ya existente. Ello obedece al afán de los arquitectos de dejar bien impresa su firma, arguye. Rechaza la demolición de inmuebles «so porque levan pouco tempo» y acciones transformadoras como la del Banco de España.

El primer aldabonazo artístico de Méndez se produce en la Calzada de San Pedro, en la que conoce a Kukas, empieza a pintar, forma parte del grupo FOGA y realiza su primera exposición. En paralelo, confecciona marionetas para un grupo de guiñoles montado por Kukas. Asimismo, con César Lombera, protagoniza pasacalles en las fiestas del Apóstol.

Precisamente uno de los ingredientes tradicionales de estos festejos eran y son los Xigantes e Cabezudos. Un día se descubrió que los Cabezudos habían desaparecido. Aparecieron más tarde bajo una montaña de escombros de las obras de TVE en Raxoi. Méndez hubo de recuperar algunos y construir otros. «O Apóstolo sen Xigantes e Cabezudos non se entenden», asegura. Por cierto, en esas comitivas figuran gaiteiros. El pintor lamenta la pérdida de identidad que carcome a este colectivo de música autóctona.

Tras entrar por muchas puertas artísticas, Xosé Manuel cruzó el umbral del teatro. La escenografía de su primera obra, Agasallo de sombras, fue muy elogiada y, durante tres años, trasladó sus diseños a los escenarios de Madrid. A la vuelta, Méndez, que registró la segunda productora de vídeo en Galicia, creó su propia empresa de escenografía, Escenoset, en donde hoy trabajan veinte personas. Claro está, la crisis le hostiga, como a todos, pero también el intrusismo: «Xente que facía mobles meteuse nisto, pero non pode competir con nós».

Vuelve a pintar

Al montar la empresa, dejó la pintura. Una década después, al hacer un retrato, olió el aceite de linaza y no pudo resistir volver a los pinceles. «Non so non perdín a boa man, senón que gañei como artista. Empezó de cero en muchas cosas y se lanzó a pintar pasajes mitológicos actualizados. Apolo lucía en un cuadro una cresta punki. Expuso su novedosa obra y la vendió casi en su totalidad. «Había moita xente que levaba dez anos esperando, e houbo persoas que pasaron de estudantes a profesores».

Chicho Losa rescató cierto día al Meco de las brumas de la tradición. Empero, no estaba nada claro cómo tenía que ser ese personaje y el edil convocó un encuentro de sabios para darle una identidad. La conclusión: tenía que ser gaiteiro, cura, estudiante y bufón. Méndez meró los elementos: «Non deu resultado. Foi o peor Meco».

Año tras año, el artista compostelano fue sacando distintos muñecos a la calle y hoy el Meco ya presenta unos rasgos básicos que lo hacen inconfundible. El último fue quemado el pasado miércoles con la mayor asistencia de público hasta ahora. Méndez elogia la gran animación del carnaval, pero le pone un pero: «O desfile do martes é máis longo que un sambódromo e a xente termina cansa».