Pichi quiere promover el Museo Galego de Automoción en Santiago
07 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Nacido en Algalia de Arriba, Pichi no fue un buen estudiante, pero sí uno de los culos más inquietos del planeta. El baloncesto le llevó en sus años mozuelos a varios equipos y a canchas de segunda división (incluso jugó un partido con las figuras del Real Madrid), antes de emprender un primer camino profesional en Palma.
A la vuelta, y solo con 18 años, ya revolucionó la hostelería nocturna montando el primer pub de Santiago, el Club Universitario, en la Casa da Parra (1969). Tenía una cabina disc-jockey, la primera de Galicia, y a los Beatles de fondo. La discoteca Johakin pronto se la copió. ¿Y no fue el Modus Vivendi el primer pub? «Eso es lo que está extendido, pero no, fue el Club Universitario».
Tras una nueva estancia en Palma regresó con otra gran idea, las tiendas vaqueras Pepe Ramón: «Revolucioné el comercio de Santiago, dándole un aire muy joven». Fue ahí cuando sacó a la calle los coches antiguos para promocionar las boutiques. Pronto empezaron a proliferar los locales con su nombre, y el de dos amigos socios, por el casco histórico y el Ensanche, en donde surgió Unicentro (disco-pub y tiendas): «Llegamos a tener nueve tiendas en Santiago y otras tres fuera, además de montar algunas franquicias». Cada establecimiento abierto descubría novedades y aire fresco.
Más tarde fue cerrando negocios y abriendo otros, apuntando a la rentabilidad. El sector se une bajo el techo de Acotes, y Emilio alcanza la presidencia: «Era un momento difícil del comercio y no nos sentíamos apoyados por los estamentos públicos. Algunos dimos un paso al frente. Queríamos una asociación fuerte que abarcase el hinterland de Santiago. Hubo discrepancias y antes de enfrentarnos a otra gente, nos retiramos».
Cien años
Finalmente, Pichi clausuró sus últimos negocios («cuando vienen tiempos malos, saber retirarse es de inteligentes») y se enfrascó en la restauración de coches. Está finalizando la puesta a punto de un Panhard-Levassor, con cien años de historia. El Panhard es el primer coche del mundo fabricado en serie y pronto rodará por Compostela: «Va a ser la joya de la corona», advierte Pichi.
Un día le planteó al alcalde Bugallo la creación de un Museo Galego de Automoción en las viejas naves de Castromil. El atractivo de la iniciativa (que junto a los coches, motos y vehículos antiguos incluiría actividades formativas, talleres, biblioteca, etcétera) no fue suficiente: «El alcalde no lo entendió. Adujo que le parecía mucho el precio de la nave, y luego se vendió por el doble». Su objetivo es ahora la Cidade da Cultura como sede: «Voy a hablar con sus responsables», dice.
Las motos también son su pasion. Llegó a tener una treintena. Pero Pichi no es un hombre solo del asfalto. También del mar. «Soy un marino frustrado», confiesa. Navegar con sus amistades le rejuvenece. Compró su primer barco en 1980 y lo arboló en la rúa Lagartos. Su velamen emergió en Cabío, entre amigos. Por cierto, en las orillas Pichi practicó el cámping salvaje.
Fraga ha estado presente en multitud de trajines y, como buen cofrade, la Semana Santa no le ha sido ni mucho menos ajena. En los años 70 y 80 las procesiones estaban en horas bajas y Emilio contribuyó a recuperarlas: «Fui hostelero y comerciante, y quería que Santiago tuviese una Semana Santa importante. Hoy hay 13 ó 14 cofradías, pero antes eran cuatro y con poca participación».
Los compostelanos ya se han habituado, en el Apóstol, a un espectáculo que consideran imprescindible: el desfile de coches antiguos, junto al de los trajes tradicionales, es cita obligada. Y Pichi (por cierto, el apelativo le viene de sus andanzas infantiles en el teatro y el asfalto) no disimula su orgullo.
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