El público de teatro de Santiago es «receptivo, abierto y tolerante»
23 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.A Simone Negrin, dueño de un Erasmus, se le presentaron dos opciones: Las Palmas y Santiago. Buscaba el sol y eligió Compostela. Con alguien se aconsejaría. Y aquí se quedó. De eso hace más de una década. Cuando vino de Turín albergaba escasas nociones sobre Santiago y Galicia. Y se encontró con dos idiomas, cuando esperaba uno. Y con gente que avalaba el tópico del gallego cerrado (mayores) y que lo rompía (jóvenes).
Enseguida se planteó no ejercer de estudiante extranjero y, huyendo de los grupos aislados, procuró mimetizarse con el entorno. El mimetismo funcionó. «Santiago es un sitio privilegiado porque en un espacio mínimo te puedes encontrar a gente de audiovisual, músicos, poetas, artistas plásticos,...», arguye Simone. Aunque esa geografía reducida también puede resultar «un poco sofocante».
Con un compañero de piso (residía encima de la Casa das Crechas), amante de la escena como él, creó Teatro Baratto. La compañía se lanzó a escenificar sus trabajos en garitos, bares y pubs: «Una de las riquezas que tiene Santiago es la posibilidad de actuar en bares, aunque hubo tiempos oscuros en los que no pudo hacerse. Hay una docena de locales en donde se puede actuar». Por contra, lamenta la desaparición de salas de buen porte en donde quedó su eco como Galán, Nasa o Yago.
Simone ve unión en el sector, al menos por ahora, y ha habido momentos en que se traslució, como en el cierre de la sala Nasa. Su propia integración en el gremio santiagués, siendo italiano, ha sido producto del proceso mimetizador. Aunque puede que no del todo: «No sé si mi sentido de humor cambió aquí. En lo cómico hay patrones geográficos porque hay diferentes entes referenciales e institucionales a la hora de burlarse». De todos modos, «gallegos e italianos son pueblos navegantes acostumbrados a mezclarse».
Los sin techo
No tiene queja del público compostelano. Al contrario, «es muy receptivo, abierto y tolerante». Es consciente de que en Santiago también hay sectores reaccionarios, pero en el mundo en que se mueve Negrin el respetable tiene de 50 años para abajo.
El teatro y la televisión no colman la vida de Simone. La causa de los sin techo y los desheredados de la fortuna no le trae al pairo y, aparte de su acción como voluntario de la Cruz Roja, se zambulle en iniciativas como, por ejemplo, la organización de una cena de navidad en Conxo para los solitarios y marginados bajo la égida de la familia del Paluso. «Mi labor social viene un poco por esas ganas de ser útil que te entran», asegura.
Lo que percibió en Santiago es que lo cultural se come en cierta medida a lo social y «llega a confundirse la reivindicación cultural con la lucha social».
La ciudad le resulta muy atractiva a Simone, aunque le están entrando ganas de viajar de nuevo. Pero «para ir y volver, ya que Santiago es para mí un punto fijo. Lo que tengo aquí no lo voy a perder. Hay muchos afectos». Le encandiló de Compostela lo que no tenía en Turín, ciudad de casi un millón de almas. Aparte de la hermosura de la pieza monumental, «al llegar me enamoré del casco viejo de Santiago porque te encontrabas muchas caras conocidas».
El mundo hostelero de la ciudad lo ha hecho pronto suyo: «Moverse de bar en bar, con sus tapas y su ambiente, me fascinó porque yo soy un ser muy social. Es estupendo». Claro está, cabalgando en esa onda de animación y bullicio le encanta enfilar zonas como la rúa de San Pedro, Sar o Vista Alegre. «Ya me conozco la ciudad. Soy un antropólogo de bares y restaurantes», ironiza.
No pierde la ocasión, siempre que puede, de visitar los barrios con «buenas fiestas» como Sar, rúa Nova de Abaixo, Espíritu Santo o Casas Novas para compartir la jovialidad festiva, la tremolina y el encuentro humano.