La marea negra de Raxoi ya se extendió demasiado

xosé manuel cambeiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

08 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El día pintaba muy bien en Amio y Fran Noya seguía eufórico las evoluciones de los caballos, algunos de magnífica estampa, que pirueteaban sobre el pavimento ferial. Tenía motivos para exteriorizar su contento, puesto que medio Santiago había subido al mercado. Un éxito rotundo precedido de las vibraciones del espectáculo Calamaro.

La voz de Fran contrastaba con el acento apagado del alcalde. El edil invitó (junto a Reyes Leis) a este cronista a hacer entrega de uno de los premios del concurso equino. En un momento dado confió su anhelo de salir bien parado del juicio «de los siete». Pero ya estaba en capilla. En ese instante descansaba ya, obviamente, la sentencia desfavorable sobre la mesa de un juzgado.

El jolgorio de la Ascensión enlazó en un contraste brutal, sin solución de continuidad, con el mazazo de la resolución jurídica cuando humeaba aún el cielo con los cohetes del colofón festivo. Noya pasó de la euforia a las lágrimas en unas horas, antes de renunciar al acta de edil.

Ahí comenzó la frenética carrera del plan B, el que indispuso a Leis con los reos que aún no se sabían condenados y que sintieron un mortal repelús con la mención de la fatídica alternativa, la que ahora quiebra los sesos de Ángel Currás mientras juega al solitario con la gestión municipal, con Reyes Leis a la espalda. Entre quien entre en el gobierno local, candidatos o foráneos, el año que queda de legislatura es un resquebrajado puente hacia el próximo mandato. El regidor lo cruzará sin acercarse mucho a las barandillas. Su soledad es pavorosa y su sordera a voces afines o incluso amigas, manifiesta.

El naufragio del mandato municipal no ha sido el de un barco cualquiera, inocuo, sino el Prestige. El hundimiento ha dejado una extensa marea negra que tardará tiempo en desaparecer. Cualquier compostelano que llame a un amigo de otro punto de España puede cerciorarse de la visión exterior de la política de Santiago. No es Marbella, ni mucho menos, pero muchos ya han marbellizado inevitablemente esta urbe que, se ha dicho hasta la saciedad, vive de su imagen. Toca regenerarla, una tarea larga y ardua. Y más si el timón del barco sigue en las mismas manos, incapaces de desaferrarse. Con Currás, muchos temen que la marea negra no va a desaparecer.

La historia que no cesa

La renuncia masiva de ediles, que se han despedido con una caballerosidad impecable, ha sido el vértice culminante de un período tenebroso. Pero en este caso hay un «menos mal» achacable al Rey Juan Carlos. Distintos políticos compostelanos coinciden en que el monarca ha prestado múltiples servicios a esta ciudad. Siempre pendiente de Santiago, acaba de realizar el último favor el pasado lunes con su abdicación, que ha solapado de forma manifiesta la inhabilitación de los siete ediles. Mitigó ese día un impacto bestial.

De la historia se aprende, pero a menudo a mamporrazos y tropezando de nuevo en la misma piedra. El anterior gobierno popular (años 80) acabó como el rosario de la aurora, con unos populares votando contra los otros. Y el gobierno vigente, teñido de corruptelas y plagado de divisiones y subdivisiones internas, se ha quedado sin braceros a un año vista. No es amable la historia con los populares, pero la historia no es la culpable de los dos siniestros del bando diestro. En la desdichada legislatura del 83 Conde Roa terminó comandando las tropas populares y en la presente empezó mandando.

Currás, en su empeño continuista, ha tenido que echar mano de profanos para cubrir las plazas vacantes, gente no electa, porque la tira es larga. La sorpresa general es la entrada del árbitro García de Loza, a pecho descubierto y sin las tarjetas en el bolsillo. Se las birló el juez Jesús Leal.

Con rostros desencajados, y presa de un miedo cerval, los integrantes de la cúpula popular se preguntan qué han hecho para merecer este castigo. Pero su atonía se lo ha enviado (el castigo) como paquete bomba que explotó en sus narices. Otra vez será. Núñez Feijoo, en la onda monárquica, prefirió abdicar: allá usted, Currás. Pasar de prohombre a pronombre (yo) no es nada difícil y el alcalde ha seguido ese camino. Raxoi soy yo.

lúa do vilar