Ahora que nadie puede decir que estas líneas esconden el maniqueo objetivo de orientar el voto, es momento de recordar que Galicia -incluyendo muy especialmente Santiago- le debe una. Y el PP aún más. A mucha gente, cierto. La menos, con nombres y apellidos conocidos; la más, anónima porque su esfuerzo no ha pasado a la historia o si lo ha hecho no ha podido ser identificado el sujeto. Entre el primer grupo figura Víctor Vázquez Portomeñe, político jubilado que ocupó varias consellerías. Hay más casos, claro, pero la realidad es que Galicia está viviendo en buena parte -¡miles de puestos de trabajo!- de la visión de futuro de este hombre. Y por muchos años, si alguien no se empeña en comercializar hasta el aire, esto será así.
Porque Vázquez Portomeñe -a quien Fraga echó de su gobierno por la puerta de atrás y de una manera que habla, y muy mal, de las formas del fallecido presidente- se sacó de la chistera una cosa que se llama Xacobeo. Cogió un milenario Camino de Santiago que se hallaba olvidado y que no había recuperado la simbólica peregrinación a pie hasta 1971, y de los cuatro gatos (con perdón) que lo recorrían se pasó a rozar 300.000 este año. Pero lo más importante es que Víctor, con el inestimable entendimiento con el entonces alcalde, el socialista Xerardo Estévez, colocó a Santiago en el mapa. La hostelería local debería hacer respetuosa genuflexión cuando cualquiera de los dos paseasen por alguna de las rúas.
Por eso, porque Galicia en general y Compostela en particular no serían lo que son sin Vázquez Portomeñe, el homenaje debería ser obligado. En vida, por supuesto. Nada de ponerle su nombre a una calle cuando ya no esté. Pero en fin, somos así?