Me molesta profundamente tener que escribir estas líneas. Me molesta dar voz a una organización que niega la evidencia científica de que no todos los hombres nacen con pene ni todas las mujeres con vulva. Por eso, ni mencionaré el nombre del grupito este. Esos que han pintado un autobús con un mensaje odioso y que constituye muy posiblemente un delito de odio de los que el Código Penal español afortunadamente tiene perfectamente tipificados. Decir «los niños tienen pene, las niñas tienen vulva, que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo» no es una opinión que pueda ampararse en la libertad de expresión. Es equivalente a publicitar en un cartel mensajes del tipo «los negros no son personas, los blancos sí» o «los judíos son los culpables de todo». Me alegra saber que el Fiscal General de Madrid ya ha abierto una investigación. Me alegra saber que Santiago ya ha dejado claro que ese autobús lleno de odio no manchará nuestras calles porque se le impedirá el paso. Me alegra ver cómo todos los grupos políticos han condenado a estos energúmenos que no son ultra católicos, como algunos han dicho, porque el cristianismo es un mensaje de tolerancia, comprensión y amor en el que no cabe el odio. Ningún tipo de odio. No creo que alguien que nace con unos genitales que no se corresponden con su sexo merezca más sufrimiento que el que ya de por sí conlleva esta jugarreta de la naturaleza. Los demás tenemos la obligación de ayudarles y de hacer todo lo posible médica y psicológicamente para que su cuerpo se ajuste a su mente.